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Las comunidades autónomas zapatistas toman en sus manos la educación

Desde los inicios del movimiento surgió la necesidad de emprender una experimentación etnoeducativa inédita.
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  • 2009-10-09•Mundo Indígena

En los municipios zapatistas las escuelas son sostenidas por la comunidad.
En los municipios zapatistas las escuelas son sostenidas por la comunidad. Foto: B.Baronnet

Prácticamente desde sus inicios, el movimiento zapatista organizó un sistema propio de educación que continúa funcionando en la actualidad a nivel primaria y secundaria en los municipios autónomos zapatistas. El investigador Bruno Baronnet, del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, compartió con MUNDO INDÍGENA algunos capítulos de su tesis de doctorado, en los que describe el funcionamiento de las escuelas zapatistas en la Selva Lacandona.

“La práctica autonómica en educación consiste, grosso modo, en crear, organizar, controlar y solventar los procesos escolares locales de la manera en que las familias de los alumnos y sus autoridades comunitarias y regionales elijan y estimen más pertinente, en relación con una serie de consideraciones de orden social, político y cultural. El retiro de los niños de las familias rebeldes de las escuelas del mal gobierno entre 1997 y 2000, permitió a las bases de apoyo del EZLN involucrarse plenamente en una experimentación etnoeducativa inédita, que parece ser la más amplia entre los pueblos indios de América”, afirma Baronnet en su trabajo.

En las escuelas zapatistas de las cañadas de Ocosingo los niños y las niñas reciben instrucción en su idioma materno, mientras aprenden el español como segunda lengua. Los jóvenes maestros, llamados “promotores de educación”, son elegidos, mantenidos y vigilados por los integrantes de la comunidad, quienes deciden también los horarios y el calendario escolar, de acuerdo con el calendario agrícola, las necesidades y costumbres de cada lugar.

Además de aprender las cuestiones básicas que se enseñan en la primaria (leer, escribir, operaciones matemáticas, etcétera), los niños aprenden cosas útiles para su vida cotidiana y su comunidad, así como sobre su historia, su cultura y sus derechos. “En español y en idioma indígena se recurre a nociones muchas veces ligadas al cultivo de la milpa, a la crianza de animales, a la memoria colectiva del peonaje y a la lucha contemporánea por la tierra. Se elaboran mapas de los territorios selváticos y se consultan cartografías y fotos de México y del mundo, cuando el material pedagógico está disponible. Se abordan con los alumnos más avanzados algunos contextos históricos y otros datos sobre los líderes independentistas y los principales revolucionarios mexicanos del siglo XX”, explica el trabajo de Baronnet

No existen planes y programas de estudios estrictamente hablando, sino un abanico de principios, valores, normas y prácticas que orientan a la acción docente. La educación se basa en temarios curriculares elaborados entre los promotores, las autoridades indígenas y los capacitadores externos.

Los gastos de las escuelas son solventados por las comunidades, que no aceptan ninguna ayuda gubernamental. Los primeros promotores educativos fueron capacitados por organizaciones de la sociedad civil y pedagogos simpatizantes de la causa zapatista. Actualmente son ellos mismos quienes capacitan a otros y ocasionalmente reciben asesoría y material pedagógico de las mencionadas organizaciones. Para la construcción de las escuelas han recibido apoyo de diversos grupos solidarios, principalmente de otros países.

Baronnet concluye en uno de los capítulos de la tesis mencionada: “Las aportaciones zapatistas a la construcción de un autogobierno educativo se basan en los principios de democracia directa ligados a la cultura campesina e indígena y más precisamente al derecho consuetudinario, cuya normatividad se opone a la del Estado que aún considera estas escuelas como ilegales, mientras son significativamente legítimas”.

Margarita Warnholtz