Un policía herido y varios asistentes afectados por gas lacrimógeno tras la conmemoración
Dejan 23 detenidos marchas por el 68
Las marchas conmemorativas por los sucesos del 2 de octubre de 1968 terminaron ayer en el Zócalo capitalino en la zozobra y con mayores rechazos a la violencia y la represión.
Aunque desde temprana hora, autoridades y organizadores habían acordado medidas para evitar incidentes y lograban que imperara el orden entre unos 20 mil manifestantes, el pacto fue desbordado por algunas decenas de jóvenes, vestidos de negro, que provocaron varias escaramuzas con uniformados frente a los palacios de Correos y Bellas Artes.
Al final, los menos atemorizados llegaron a la Plaza de la Constitución y recuperaron el orden. Así, en medio de recelos manifiestos, a las 19:40 horas terminó el acto central. Allí Raúl Álvarez Garín y Héctor Cereso, de los últimos oradores, aseguraron que la violencia normalmente viene de las llamadas fuerzas del orden. “Si quieren manifestaciones pacíficas —dijo el líder del Comité 68—, la policía debe estar ausente, sea uniformada o disimulada”.
Por la noche la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría capitalina informaron de, “saldo blanco”, no obstante que en los recuentos detallaron haber detenido, al menos, a 23 jóvenes, antes y después de las refriegas y reportaron un policía herido. Resaltó que en detenciones previas a las marchas, se incautaron “cilindros de gas” y varios kilos de cohetones y palomas.
Temores tempranos
Las recordaciones por el 2 de octubre se iniciaron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, desde muy temprano. Después de una ofrenda de veladoras, se realizó una guardia de honor. Allí el secretario de desarrollo social capitalino, Martí Batres, aseguró que la matanza de hace 41 años sigue impune, pues aún está pendiente el castigo para los responsables y hacer justicia a los caídos. Mientras eso ocurría se percibió un despliegue policiaco inusual por los perímetros A y B del Centro Histórico. La Secretaría de Seguridad Pública detalló que había dispuesto a 4 mil 714 policías apoyados por dos helicópteros, y 327 patrullas.
Por su parte, Juan José García Ochoa, subsecretario de gobierno del Distrito Federal, también informó de sendos acuerdos: con los manifestantes se hicieron los compromisos de vigilar que no se colaran ajenos; con los comerciantes se acordaron vallas de madera o metal donde pudiera haber pintas o destrozos; con la comisión de Derechos Humanos del DF, que supervisaría el cumplimiento por parte de las autoridades.
Había orden y miedo
Las marchas conmemorativas se hicieron desde dos puntos: el Monumento a la Revolución y de Tlatelolco. Los contingentes, básicamente estudiantiles salieron temprano desde todos los puntos de la ciudad en transportes diversos y bajo observación policiaca, para concentrarse en esos dos puntos. En ambos se escuchaba en los altoparlantes que se tomaran medidas porque se temía “provocaciones como el año pasado”
De la Plaza de la República salieron gruesos destacamentos de sindicatos universitarios (de la UNAM, UAM, IPN, UACM), de Telefonistas y del Sindicato Mexicano de Electricistas. Exigían no recortar el presupuesto para educación y ciencia, respeto a la autonomía sindical y que el secretario del Trabajo, Javier Lozano, otorgue la toma de nota a la elección del líder electricista Martín Esparza. Hubo cohetones al aire, como en otras ocasiones. Estos agrupamientos llegaron antes al Zócalo.
En la Plaza de las Tres Culturas de concentró el grueso de los manifestantes, en su mayoría jóvenes de las distintas escuelas de educación superior: UNAM, IPN, UAM, Universidad Pedagógica. Esta vez, marcharon al frente, además de los veteranos del Comité 68, el Comité Cerezo y los de Atenco. Y dos nuevas consignas se repetían insistentes: “Dejen en paz a Lucía Morett” y libertad sin condiciones a Ramses Villareal”.
Lo destacado hasta entonces es que esta columna, calculada por los organizadores en unos 15 mil participantes, marchaba sin incidentes por el Eje Central, no obstante las vallas de uniformados tendidas hasta Madero. El sonido en un camión del Movimiento Proletario Independiente, insistía en tomar precauciones para evitar una provocación.
Las refriegas
A las 17:45 llegó la descubierta a la calle de Madero. Se detuvo unos instantes para saludar a Rosario Ibarra de Piedra instalada en el banquetón del edificio Guardiola, cuando llegaron hasta allí un murmullo general y jóvenes corriendo. Dos vallas policiacas se tensaron e hicieron un muro antes de Madero. La manifestación se descabezó. Se armó una zona cero de zacapelas.
Unos jóvenes habían tomado objetos de una tienda Oxxo cercana y eran perseguidos; otros trataron de pintar los muros de correos y chocaron verbalmente con uniformados y huyeron. De pronto, en la zona cero se concentraron alrededor de 250 jóvenes vestidos de negro dispuestos al enfrentamiento y arremetieron contra la valla policiaca. Fueron tres refriegas en 26 minutos con lanzamientos de botellas y otros objetos. Hubo al menos diez detonaciones de artefactos que al principio no se identificaron. Luego se confirmó que eran botes de gas irritante que lanzaron los jóvenes, identificados como anarquistas.
El rumor y el temor llegó hasta el Zócalo. A poco los policías se abrieron y los contingentes detenidos, ya menguados por el temor, entraron por Madero. De allí en adelante se registraron algunos incidentes menores e intercambios verbales con la policía. En la plancha, los que llegaron trataban de ordenarse, recuperar el acto y escuchar a los oradores que, como cada año demandaban, cese de la represión, libertad a los nuevos presos políticos y castigo por la matanza de Tlatelolco. Raúl Álvarez Garín, insistió en que deben dimitir todos los ministros de la Corte “cómplices del genocidio”, en otro 2 de Octubre, hace 41 años.
Con información de Zenyazen Flores, Alejandro Moreno y Gustavo Sánchez.


