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Ni perdón ni madre

En Privado

Joaquín López-Dóriga

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  • 2009-09-24•Al Frente

Es difícil ser amable con
quien nada desea
. Florestán

Cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación canceló al PRD la candidatura de Clara Brugada a jefa delegacional en Iztapalapa, se activaron las alarmas en la facción de Andrés Manuel López Obrador.

Iztapalapa, por sí sola, es la reserva electoral nacional del PRD, suma más de 700 mil votos, cuenta con seis distritos electorales federales, ocho locales, un presupuesto cercano a los cuatro mil millones de pesos y una población de casi dos millones de personas. Por sí sola, la delegación tiene más votos, distritos electorales, presupuesto y población superior a la suma de varios estados de la República.

De esta magnitud fue ese golpe al proyecto López Obrador y en esa misma proporción fue su reacción, inédita en todos los sentidos, método, iluminación y resultado.

Por eso, en combinación con los que regentean al PT, organizó, desde su visión personal, una operación genial por la cual designaría un candidato, de esa franquicia, claro, que ganaría la elección, pero no él, que no se lo creyera; la ganaría Clarita con todo el movimiento y el emergente se comprometería a renunciar luego de tomar posesión para que de inmediato la misma Brugada tomara el cargo en forma interina, en tanto el jefe de Gobierno del Distrito Federal la proponía formalmente ante la Asamblea Legislativa, que la aprobaría de inmediato... y colorín, colorado.

Este esquema, creación de Andrés Manuel, no lo consensuó con nadie, ni siquiera con el iluminado por su dedo, cuyo nombre ni sabía, a él no lo conocía, llamándolo por su remoquete, Juanito, que fue el que le sopló el señalado en el templete.

El proceso del 5 de julio fue una fiesta para el PT. En Iztapalapa consiguió lo nunca visto: diputados directos, hasta formar una fracción de 14, la jefatura delegacional y los votos necesarios para asegurar tres cosas: registro, dinero como nunca y un partido para nominar, como ya han anunciado, a López Obrador como su candidato presidencial en 2012, en el que han centrado su campaña mediática en radio y televisión.

Podrían decir que todos ganan, pero, por su arrogancia, el guión no se siguió, y al final el designado lo desconoció; contra lo que le advirtió, se la creyó y ahora anuncia que protestará el cargo y tomará posesión de la jefatura delegacional de Iztapalapa, desoyendo las advertencias de su Gepeto.

Ante esto, el PT salió a pedir perdón al pueblo de México, cuando el perdón se lo está pidiendo a López Obrador por la reacción de Juanito, en una expresión del control que éste ejerce sobre la franquicia y el temor que le tienen.

Porque si el PT ganó lo que jamás había ganado, hasta la más importante delegación, con lo que nunca soñó, ¿a qué viene eso de pedirle perdón al pueblo?

Al temor, al legítimo temor y a nada ni a nadie más.

Nos vemos mañana, pero en privado.

lopezdoriga@milenio.com