El fin de los libros (y los discos y los diarios)

Interludio

Román Revueltas Retes

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  • 2009-09-17•Al Frente

Por lo que parece, el libro está condenado a muerte. El disco también. Y los periódicos. Yo mismo infiero, luego de constatar las anteriores evidencias, que los que nos dedicamos a los libros, a los discos y a los diarios estamos condenados al desempleo lo cual significa, exagerando un poco, otra especie de condena de muerte o, por lo menos, un sentencia de dolorosísima inhabilitación profesional.

Me apetece, con todo, comprar un Kindle, ya saben, el artilugio ese que sirve de soporte físico a los millones de libros (¿serán, en efecto, millones de títulos o solamente algunos centenares de miles?) que la firma Amazon te ofrece para que los descargues de la Internet y los guardes en el aparato. Imaginen ustedes la comodidad de no tener que conservar físicamente los libros en ningún lugar, de no sufrir la frustración de no encontrarlos en la librería, de no esperar a que lleguen —o que no lleguen nunca porque están agotados— a la tienda luego de haberlos encargado y, en fin, de disponer, así nada más, de un portentoso catálogo de obras, muchas de las cuales, encima, son gratuitas porque Cervantes, Shakespeare, Tolstoi, Balzac, Victor Hugo, Zola y Emily Dickinson ya no cobran derechos de autor. Por si fuera poco, leer un libro ya no significará sacrificar un pedazo de árbol.

Pero, un momento por favor. ¿No es el libro un objeto hermoso? Sí. Y también lo es el periódico exhibido en el quiosco de la esquina. El CD, aunque no se compara al disco de vinilo empaquetado en aquellas fundas de cartón adornadas de bellas ilustraciones, es mucho más gratificante, en su condición de materia concreta y manipulable, que cualquier descarga virtual. Ahora bien, si desaparece el componente original, que es un objeto físico, ¿tendremos, los escribidores y los músicos desempleados, que arreglarnos directamente con los vendedores de contenidos? Supongo que sí. Porque, hasta nuevo aviso, no se acabarán, nunca jamás, ni la literatura ni la música ni la información.

revueltas@mac.com