Calderón y su reforma fiscal ayer, en privado
Cubículo Estratégico
Carlos Mota
Se reunió ayer el presidente Calderón con periodistas para hablar de su nueva reforma fiscal. Las tres frases que más me impactaron fueron: “Ya no podemos bajar más”, al referirse a los amplísimos recortes al gasto gubernamental que está proponiendo; que vino acompañada de “estamos llegando al límite”.
Le pregunté si había un Plan B. “No”, atajó, y dijo la tercera: “La verdad es que estamos llegando al hueso”. Es cierto. La desaparición de tres secretarías de tajo, y la amplia reforma fiscal que propone son un parteaguas en su administración, “el segundo tiempo del partido”, señaló.
Es cierto que el eje de todas las discusiones estos días será el nuevo impuesto de 2 por ciento denominado “contribución para el combate a la pobreza” —con el que planea recaudar 70 mil millones de pesos y aumentar el gasto del programa Oportunidades—. No obstante, la reforma va mucho más allá, pues hay dos componentes de la caída de ingresos del gobierno, uno permanente y uno transitorio. Ambos totalizan el famoso boquete de 300 mil millones de pesos que hay que tapar.
El componente transitorio está en función de la crisis, por lo que podría permitirse un mayor endeudamiento público para solucionarlo pues, cuando termine la coyuntura, se salda. Pero el componente permanente es el que preocupa, porque se deriva de la caída a 2 millones 500 mil barriles de petróleo en producción diaria de Pemex. Y preocupa porque no hay como solventarlo más que con nuevos impuestos o aumentando los actuales. Si eso no se soluciona, vendría un downgrade de nuestra calificación de deuda, con consecuencias catastróficas como la salida masiva de inversiones.
De ahí la importancia de la nueva tasa de ISR, que llegará a 30 por ciento; de los ajustes al IETU para evitar arbitraje; y del aumento al IDE de 2 a 3 por ciento, así como de la baja en el umbral de causación a 15 mil pesos.
El gobierno está haciendo el mayor esfuerzo, ahora sí, para solucionar un problema económico colosal. Ahora la pelota está del lado de los diputados, que no me parece que tendrán muchas más alternativas que apoyarlo. Eso sí, si quieren más carnita para salir de esta debacle, tienen un cliente más, hasta ahora intocado: los gobiernos de los estados.


