El espejo colombiano
Día con día
Héctor Aguilar Camín
La violencia 1990-2009” es el tema de portada de la revista Nexos de septiembre. Incluye dos ensayos: Homicidios (1990-2007) de Fernando Escalante Gonzalbo, y Las tres guerras del narco (2006-2009) de Eduardo Guerrero.
Creo que ambos textos componen el cuadro analítico de la violencia mexicana más completo y accesible de que pueda echarse mano hasta ahora.
Escalante dibuja el paisaje de fondo. Guerrero pone el lente de aumento sobre los crímenes del narco, la zona del cuadro que ocupa toda nuestra atención pública y nos baña con la certidumbre de estar en medio de una ola homicida sin precedentes en México.
Escalante muestra irrefutablemente que la violencia homicida de México no ha hecho sino descender: de 14 mil 520 homicidios dolosos en el año de 1990 a 8 mil 507 en el año de 2007.
Esto quiere decir que, contra lo que sugieren los medios todos los días, los homicidios dolosos han bajado en promedio a más de la mitad: de 19 por cada cien mil habitantes en el año de 1990 a 8 por cada cien mil en el año 2007.
En 2008 y 2009, la cifra ha subido a 11 por cada cien mil habitantes, reflejando bien la violencia del narco que vemos, pero en ningún sentido rebasando la cifra mayor de homicidios que haya tenido México.
Establecidas las cifras reales, puede procederse a la comparación con el más socorrido prototipo de la violencia que sacude a México: el ejemplo colombiano.
Sólo la más estricta desatención a las cifras ha podido alimentar esa comparación, nos dice Escalante. En los años pico de la violencia colombiana, 1992 y 1993, había en aquel país casi 80 muertos por cada cien mil habitantes al año. En México, 19.
Dada la población de México, las proporciones de violencia colombiana de aquellos años habrían supuesto aquí unos 82 mil muertos por año. Pero en esos años hubo 14 mil.
La tasa de homicidios colombianos ha descendido a la mitad en fechas recientes, hasta 39 por cada cien mil habitantes en el año 2007. La tasa de México para ese año fue de 8, cuatro veces menor que la colombiana.
De modo que el socorrido espejo colombiano está muy lejos de reflejar los niveles de la violencia en México. Es una comparación favorita de los medios, y se ha impuesto como alusión en todo diagnóstico alarmado sobre el tema. Pero no tiene sustento alguno.
Aparte de fijar las cifras y despejar éste mito, el ensayo de Escalante describe los cambios profundos en las causas y en la radicación geográfica de la violencia mexicana.
Las abordaré mañana.


