Entrevista: Octubre de 1975, la tragedia • Choque en la Línea 2 dejó 31 muertos

“Eran cuerpos entre fierros retorcidos”

Entre las estaciones Chabacano y Viaducto ocurrió el peor desastre en la historia del Metro. A partir de allí se instaló el pilotaje automático que apenas comenzaba a utilizarse en Francia en esas fechas.
  • 2009-09-03•Ciudad

Un convoy que se encontraba estacionado fue alcanzado por otro en movimiento; eran las 9:40 de la mañana de un lunes.
Un convoy que se encontraba estacionado fue alcanzado por otro en movimiento; eran las 9:40 de la mañana de un lunes. Foto: Especial

Esa mañana hacía frío. “Aunque no recuerdo bien, pero sí, estaba nublado”. Los ojos de don Manuel se posan en lo indescriptible de ese día: 20 de octubre de 1975. Se mira las manos como si en ellas ese tiempo pasado le dijera algo y de repente la herida que se abre: “Vi varios cuerpos, varios, eran cuerpos entre fierros retorcidos y un hombre estaba desnudo, ahí…”.

De inmediato recupera su memoria. “Salimos y vimos que el tren quedó como montado en otro tren, hacía arriba los dos; el techo de la estación Viaducto estaba destrozado; corrimos por en medio, entre las vías, después de haber saltado casi un metro del vagón. Se oían muchas sirenas; llegamos al andén y vimos cuerpos, muchos cuerpos tendidos en el suelo: estaban desgarrados, llenos de sangre, inmóviles, algunos se quejaban: “¿Qué pasó?”. La policía vino por nosotros y nos sacó de ahí, y vimos que unos bomberos bajaban con hachas y hacían a un lado la malla ciclónica y la gente lloraba mucho. Había muchos gritos…”.

Han pasado 34 años del peor accidente en el Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México, mismo que dejó un saldo, según cifras oficiales, de 31 personas muertas.

Foto: Especial

Los ojos de don Manuel se posan en algún lado y comienza a recorrer la película: “Subí en la estación Cuitláhuac, pues iba a trabajar a una carnicería en Portales”. Sus manos van de un punto a otro y recuerda la hora, las 9:40 de la mañana.

“¿Ésa era la hora?”, le pregunta a su esposa Mary, que lo mira como si no entendiera por qué está él ahí.

“Sí…”, dice la esposa, fría y con los ojos cerrados. “Fue entre Chabacano y Viaducto”, agrega.

Ella aporta datos que le faltan a él. “El tren se iba deteniendo; nosotros íbamos en los carros de en medio. Paraba en el Zócalo, en Pino Suárez, en Allende, y recuerdo que el conductor preguntaba dónde había sido jalada la palanca…”.

Don Manuel interviene:“Sí, eso es, la palanca, varias veces lo dijo el operador…”. El tren venía de la estación Tacuba.

Esa línea del Metro tenía escasos cinco años de haber sido inaugurada. Todo olía a nuevo y limpio, todo estaba bien. Son las palabras de don Manuel, sólo que interpone un “pero”. Ve a su esposa y le habla a ella: “Tú decías que era muy lento cuando llovía, ¿recuerdas?”. Sí, asiente ella con la cabeza.

“Era un lunes…”, recuerda la esposa. “En San Antonio Abad el operador volvió a lo mismo de la palanca…”, dice Manuel. “Sólo sentí un enfrenón fuerte que me botó hasta allá, todos caímos”, dice Mary.

Foto: Especial

Ella va rápido y se detiene en uno de los vagones de adelante. Quizá el primero. “Estaba horrible, parecía acordeón, y en el suelo azul había mucha sangre, bolsas de mujeres, ropa, zapatos, un hombre gritaba a shijo: “¡¡¡Roberto, Roberto, Roberto... no te mueras!!!”. Ahí estaba, entre unos asientos y no se podía ni mover…”.

Una vez afuera, frente al cine Viaducto o más allá, don Manuel se quedó agarrado de la mano de su esposa. Lloraba igual que ella. Desde ahí vieron cómo trepaban los cuerpos a camionetas y ambulancias que salían disparadas de ese sitio; hubo gente que salía corriendo cargando a alguien, “atrás de una discoteca había una clínica y hacia allá iban varios con cuerpos en las manos…”.

En una gasolinera ubicada junto se veía gente agarrada de la mano. Veía a los trenes uno arriba del otro.

Don Manuel y su esposa Mary se miran.

Francisco Mejía