Crónica
“Buenas tardes, señor gobernador”
Con puntualidad inglesa arribó Rodrigo Medina acompañado de su esposa Greta Salinas a la Comisión Estatal Electoral, donde se le entregó la tan anhelada constancia de mayoría.
Era un evento solemne, sobrio y oficial con el que definitivamente las campañas quedaron atrás.
Con la ausencia de los representantes de los partidos Convergencia, Nueva Alianza y el PT se dio principio a la sesión.
Antes de finalizar, arribó por Convergencia Ernesto Pompeyo Cerda.
Había poca asistencia en la sala de sesiones del organismo electoral, donde Eduardo Guerra Sepúlveda encabezaría el acto.
Pero afuera era todo lo contrario, una docena de taxistas de la CROC acudieron a acompañar al gobernador electo y por eso se advertía mucha gente.
El presidente de la Comisión Estatal Electoral abrió la sesión con las siguientes palabras: “Buenas tardes, señor gobernador…Rodrigo Medina”. Le faltó la palabra “electo”.
Y continuó diciendo que de acuerdo con los resultados del proceso electoral del 5 de julio cuyo saldo favoreció al candidato de la coalición Juntos por Nuevo León, se le daba la constancia oficial de (ahora sí lo dijo correcto), gobernador electo.
Mientras hizo pasar a Rodrigo Medina al frente de la mesa de los integrantes de la Comisión Estatal Electoral, la esposa del gobernador electo, Greta Salinas, se veía sonriente, pensativa y emocionada.
Vestía Greta un conjunto muy sencillo color blanco, su marido traje negro, camisa rosa, y corbata de rayas rojas y negras.
Ambos se sonríen de lejos y con un guiño de ojos lo dijeron todo, mientras el gobernador electo mostraba orgulloso el tan anhelado documento y por el que tantos obstáculos hubo que vencer.
Los medios gráficos lo acechan: “Levante la cara, candidato”, dice Félix. “¡Épale!, como que candidato, ¡Gobernador electo!”, lo corrige alguien.
Rodrigo tiene que posar. “Baje la cara, suba el documento, de frente, mire para acá”, y así subsecuentemente.
Se decide que atenderá preguntas afuera de la sala de sesiones, antes recibe su mejor premio sin la menor duda, un beso de su esposa que le regresa con mucho amor.
Salen en fila india pero sin soltarse la mano, sudada y lo que quiera, pero bien apretadita.
Cruzan la puerta y los “jefazos” de prensa que trabajan para Rodrigo, señalan el lugar donde atenderá a los medios, un poco incómodo, pero ellos mandan.
De momento, por razones obvias, Rodrigo suelta la mano de su esposa, la señora entiende bien, acepta pero le pone delicadamente su mano sobre el brazo.
Y vienen las preguntas de todo tipo, las de fácil respuesta, las difíciles de contestar y de todo, al fin que ya al gobernador electo le sobran tablas.


