Las elecciones del 5 de julio y la reforma electoral de 2007 / II
Invitado
Luis Carlos Ugalde*
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Para Luis Carlos Ugalde, la campaña más exitosa fue la del Partido Verde. Foto: Martín Salas / Archivo
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La reforma electoral de 2007 puso a la equidad como su eje central. Prometió que el nuevo modelo de comunicación política —23 millones de spots gratuitos— generaría equidad, reduciría el costo de la democracia y elevaría la calidad del debate. Ocurrió lo contrario: las reglas nuevas estimularon formas de inequidad en el acceso a los medios, el costo económico de las campañas aumentó a pesar de que el financiamiento a los partidos haya disminuido y se trivializó el debate capturando poco la atención de los ciudadanos.
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El principio de acceso gratuito a los medios de comunicación es un paso en la ruta correcta, pero el modelo de implementación ha sido muy malo porque ha limitado la capacidad de comunicación de los candidatos con sus votantes y porque ha generado más inequidad de la que buscaba producir. Me explico:
La tv vende audiencia, no minutos. Los partidos deben buscar rating, no tiempo aire. Un candidato busca penetrar en los hogares que puede ganar, no anunciarse sin ton ni son. En 2006, los tres principales candidatos tuvieron puntajes de rating muy parejos, fruto de estrategias de campaña que iban al centro de la audiencia que les convenía. Sin embargo, la reforma electoral de 2007 trastocó la lógica de ese modelo. Ahora se reparten minutos, no audiencia. Si la estrategia del partido A es más eficaz entre los jóvenes, ello es irrelevante, porque sus spots se transmitieron entre personas jóvenes y de la tercera edad. Si el partido B tiene mayor potencial entre la población rural, eso no importó, porque sus spots se transmitieron con la misma intensidad en las zonas urbanas. Al distribuir minutos y no audiencia, la reforma electoral de 2007 distorsionó las estrategias de los partidos políticos.
Además, la anhelada equidad en el acceso a los medios ha generado más inequidad. Antes de 2007 había un mercado de compra y venta de spots discrecional, opaco y que generaba abuso. A pesar de esas distorsiones indeseables, en 2006 los tres principales candidatos a la presidencia —Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón y Roberto Madrazo— tuvieron una exposición en medios semejante, tanto en spots pagados como en cobertura noticiosa.
Qué bueno que los partidos ya no paguen el acceso a la radio y la tv, pero qué malo que se hayan estimulado nuevas formas de inequidad. La reforma de 2007 distribuye tiempo de acuerdo con la votación previa de cada partido. Con ello, en 2009, el PAN fue el partido que más se anunció, en demérito de los demás. Si en 2006 hubo una transmisión equitativa de spots de los principales candidatos, en 2009 fue el PAN quien más se promocionó en la pantalla, en demérito de sus competidores. Y en 2012, derivado de los resultados del pasado 5 de julio, será el PRI el partido con más exposición mediática. ¿Y los partidos emergentes? ¿Están condenados a serlo porque hay una distribución que privilegia el pasado en lugar de las propuestas hacia el futuro? ¿Y qué pasará con el PRD? ¿Acaso su mal desempeño en este año debe ser ya desde hora una causa para que en 2012 esté en desventaja frente al PRI y el PAN?
Pero lo más grave es que, al buscar la equidad en el acceso a medios con un modelo equivocado, sólo aumentó más la influencia de los medios electrónicos sobre el resultado de las elecciones. Reitero: estoy a favor de que el acceso de los partidos sea gratuito, pero el mecanismo de implementación es malo, porque incrementa la inequidad y limita la habilidad de los candidatos para comunicarse con los votantes.
La nueva ley no acabó con las transacciones comerciales entre partidos y medios, y es muy probable que haya incrementado los tratos discrecionales: entrevistas pagadas, cobertura noticiosa sin valor noticioso. Si antes la compraventa de spots era discrecional pero existía al menos la evidencia del número de promocionales transmitidos y una idea, a veces vaga, de su valor comercial, ahora desconocemos el precio de la cobertura noticiosa, de las gacetillas en programas y de las entrevistas. El principio de acceso gratuito a los medios electrónicos es buena medida, pero el modelo implantado fue tan malo que quizá haya oscurecido aún más el trato discrecional entre políticos y medios. El resultado es mayor inequidad para el sistema y mayor rigidez para los partidos. ¿Quién ganó? ¿Los ciudadanos? ¿Los partidos? ¿Los medios electrónicos?
Como ocurre con frecuencia en México, la discusión sobre los méritos y defectos de la reforma electoral de 2007 se ha polarizado y trivializado. Quienes defienden la reforma se cuelgan de la bandera contra los llamados poderes fácticos. No les importa que la democracia electoral sea más cara que antes ni que la eficacia de las campañas haya disminuido. Tampoco les importa mucho que ahora los medios tengan más influencia sobre las campañas. Piensan de manera superficial y equivocada. Creen que prohibir la compra de spots en radio y tv es buena porque les quita negocio a los medios. Son ingenuos porque desconocen que un buen principio (acceso gratuito) se pervierte cuando se combina con un mal modelo de implementación. Están
equivocados.
Defender la gratuidad no significa festejar un modelo que es malo por su volumen (23 millones de spots), por sus mecanismos de asignación que generan rigidez en las campañas (un spot entregado al IFE tarde muchos días en ser transmitido) y porque el formato de 30 segundos genera trivialidad y más mentiras que las presuntas campañas negativas.
Es muy significativo que la campaña más exitosa haya sido la del Partido Verde. Se trató de un diseño impecable de estrategia, táctica y publicidad políticas. Su implementación fue cuidadosa y disciplinada. A pesar de las multas que recibió y de la indiscreción de Raúl Araiza de que había sido seleccionado por Televisa para apoyar al Verde, lo demás funcionó muy bien.
La pregunta relevante es si ese es el tipo de campañas que informan a los ciudadanos. La pregunta es si el Partido Verde es el modelo de organización política que enriquece la democracia mexicana. La pregunta es si prohibir las campañas negativas enaltece el debate o lo deteriora aún más. La reflexión de fondo es si los spots gratuitos de 30 segundos han elevado la calidad del debate político. La pregunta es cómo cambiar una reforma electoral que ha generado nuevas formas de inequidad en el acceso a los medios. La reforma electoral de 2007 que dijo combatiría a los mal llamados poderes fácticos, sólo ha acabado por empoderarlos.
Mañana daré mis propuestas para modificar la reforma electoral de 2007.
* Catedrático del ITAM. Fue consejero
presidente del IFE en 2003-2007.



