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AMLO no es Lula

Epicentro

León Krauze

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  • 2009-07-14•Política

La verdadera desgracia de la elección del 5 de julio no es el regreso del PRI al poder. Con un PAN hundido en una soberbia que habría entristecido a Carlos Castillo Peraza, el electorado aparentemente confió en que el tricolor sabrá gobernar para construir y no sólo para planear la siguiente decoración de Los Pinos. Quienes votaron por el PRI tendrán de aquí a 2012 para observar con lupa la conducta de Beatriz Paredes y los suyos. Con las reformas que necesita el país, será muy fácil saber si el PRI aprendió la lección o sigue siendo el mismo: un partido enamorado del poder por el poder mismo.

La auténtica tragedia del proceso electoral fue, en cambio, la revelación de que la izquierda mexicana está moribunda. Comparémosla con otros casos en América Latina. Prácticamente todos los partidos de izquierda de la región han sabido leer los tiempos. Han crecido con ellos y para ellos. Ahí está Lula, un líder sindical que supo convertirse en un hombre moderno, sin traumas históricos y megalomanías absurdas, para llevar a su país muy cerca de la cima de la economía global. Ahí están los uruguayos y los paraguayos. Y, claro, los chilenos. La izquierda en Chile ha conducido de manera notable la transición democrática. Anclada en figuras como Ricardo Lagos o el mismo Eduardo Frei, la Concertación se negó a caer en la trampa fácil de la venganza para, en cambio, construir una de las economías más diversas y pujantes del continente. La dictadura mató al padre de Michelle Bachelet; ella respondió gobernando con responsabilidad: mirando hacia el futuro, no hacia el pasado. Y aunque ahora pasa por una crisis que probablemente concluirá en la alternancia en las elecciones de este año, la izquierda chilena ya anuncia sus nuevos líderes: el joven legislador Marco Enríquez-Ominami quiere —y bien podría llegar a ser— el Obama chileno.

¿Y la izquierda mexicana? En el abismo. El PRD se ha diluido. Hoy, el partido está más lejos del poder que nunca. Con 71 diputados no podrá pelear en el Congreso, salvo que desee hacerlo por la mala. Dividido como está en dos frentes unidos por la conveniencia pero probablemente irreconciliables a final de cuentas, el PRD enfrenta un camino largo para llegar al éxito pleno electoral. El secreto a voces, por supuesto, es que no conseguirá el objetivo mientras siga confiando en la figura mesiánica que, desde hace años, se ha robado para sí la agenda entera. La izquierda nacional debe enfrentar que, salvo un cataclismo social y político no sólo improbable sino indeseable, Andrés Manuel López Obrador está muerto electoralmente. Sus acólitos sostienen que el avance del PT y el desgaste del PRD moderado es una muestra del atractivo vigente de López Obrador. Se equivocan. En la campaña de 2009, ninguna figura individual tuvo la exposición constante de López Obrador. Nadie tuvo más tiempo en televisión; ninguna voz se escuchó más en la radio (“habla Andrés Manuel López Obrador”). Ningún rostro apareció en más afiches en más ciudades. En el fondo, la gran paradoja es que la elección fue, en efecto, un referendo sobre la figura del presidente… “legítimo”. AMLO hizo lo que Felipe Calderón no pudo: campaña activa y enérgica por todo el país por sus candidatos. ¿Cuál fue la respuesta del electorado? Una censura abrumadora, no sólo al PT (Iztapalapa no es México, evidentemente) sino por el partido que defendió la causa lopezobradorista en 2006. Es una regla no escrita de la política electoral: una figura con altos índices de reconocimiento y rechazo no puede ganar una elección presidencial.

Tarde o temprano, la izquierda mexicana deberá desechar la ilusión de que López Obrador es un Lula en potencia: el eterno candidato que, al llegar su hora, finalmente triunfa. Para ser Lula primero hay que tener un pasado limpio y una voluntad autocrítica que linde con la humildad. López Obrador perdió esa oportunidad después de 2006. La ciudadanía no lo perdonará. Si la izquierda pretende exculparlo de nuevo, su colectiva “cita con la historia” se postergará seis años más.

leon@wradio.com.mx