Se suprimirá el área verde del camellón de Lázaro Cárdenas, dicen integrantes de la organización civil

Ciudad para Todos pide detener el puente colgante

Advierten que hay otras alternativas para fluir el tráfico en ese punto.
  • 2009-07-12•Ciudad y Región

En el camellón de la avenida, los activistas hicieron una instalación en memoria de los árboles que, dicen, serán sacrificados si se construye el puente atirantado sobre Lázaro Cárdenas.
En el camellón de la avenida, los activistas hicieron una instalación en memoria de los árboles que, dicen, serán sacrificados si se construye el puente atirantado sobre Lázaro Cárdenas. Foto: Iván García

Sobre un camposanto de cartón montado en el camellón de Lázaro Cárdenas, se vaticinó la aniquilación de los más de 700 árboles que ahora pueblan ese espacio, desde Lorenzana hasta Guadalupe, ya que deberán desalojar aquella su tierra para dar espacio al gran puente colgante que construirá el gobierno de Jalisco. Este sábado, la organización Ciudad Para Todos se instaló sobre la mencionada vía y el cruce con López Mateos en una suerte de manifestación: un intento por llamar la atención de los automovilistas y de la sociedad para que se sumen a la lucha contra lo que llaman un ecocidio gubernamental.

Mercedes Paloma Cruz Vázquez, integrante de la organización, expuso sus razones: “Estamos cansados de que las autoridades nada más se pongan a inventar proyectos para la ciudad y no exista realmente un plan integral. Que dejen de inventar soluciones costosísimas para todos los ciudadanos, no nomás en términos económicos: en términos ambientales, de salud, porque imagínate la insalubridad y la inseguridad debajo del puente de 900 metros”.

Un plan integral de movilidad es lo que claman desde anteriores administraciones, donde se dio origen a un sistemático privilegio al uso del auto y se relegó todo lo demás.

Alfredo Hidalgo, integrante de CITA Com:Plot, interpretó que el objeto del puente colgante de 930 metros es sólo el de facilitar el desarrollo de un problema que se generó por las políticas de aquellos gobiernos, tendientes a favorecer el desmesurado uso del coche. Para él, un plan integral debe promover los espacios públicos, el desplazamiento peatonal, la movilidad no motorizada y el transporte público como las pautas de movilidad en la ciudad.

Hidalgo consideró que las autoridades conocen otras alternativas y que, sin embargo, no las han sacado a la luz pública, como el uso de semáforos de tres tiempos. Un agente de Vialidad, Francisco Pérez Cedaño, coincidió en que existe un problema, pero también en que debe haber más de una solución.

El grupo acaso llegaba a 20 personas. Explicaron que son ciudadanos, como todos, justificó Paloma: con responsabilidades, pero aun así, con un poco de tiempo libre para intentar atraer conciencias.

Ella también vaticinó —sin más argumentos que su experiencia— que el costo calculado del puente, de 370 millones de pesos, se duplicará o, en el peor de los casos, que el puente quedará inconcluso, como los Arcos del Milenio. Pero su pronóstico más funesto fue que no acabará con el problema, sino que sólo desplazará los embotellamientos al poniente, en la calle de San Ignacio.

Los automovilistas se detenían en el alto y miraban las pancartas: “La tala de árboles más cara de Guadalajara”, “Cultivemos árboles, no autos”. Algunos de ellos opinaron: Jonathan Guzmán consideró que no es necesario el puente, pues con las obras debajo de los arcos ya fluye mejor la vialidad; para Juan Vázquez, en cambio, es muy necesario, más que los árboles: “De qué sirve que haya muchos árboles, si el embotellamiento hace más smog”, reflexionó.

Luis Miguel Mota también vio el puente necesario, ya que llevaba diez minutos en el tráfico, desde Niño Obrero hasta López Mateos. Sin embargo, al enterarse del sacrificio del área verde, se retractó: “Mejor no, los árboles son los que hacen bonita la ciudad”. Entonces pasó una camioneta a toda prisa: “¡Que se mueran, no sirven!”.

La disyuntiva era clara para los automovilistas: preferían a los árboles y se aguantaban unos minutos de tráfico, o al puente y ganaban unos minutos más. Los árboles no opinaban nada.

—¿Qué prefiere, los árboles o el puente?

—Los árboles: por lo menos dan vida; ya estoy enfadada de ver edificios, contaminan la visión —dijo una conductora, Adriana Ruiz.

Paloma concluyó: “Somos ciudadanos, hay que hacer algo. Si no haces nada, te conviertes en cómplice”.

Guadalajara/Sergio Blanco