Los gobernadores

Día con día

Héctor Aguilar Camín

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  • 2009-07-08•Al Frente

La elección del 5 de julio hizo visible en las urnas lo que era visible en la realidad: el poder territorial de los gobernadores.

La autonomía de los gobiernos estatales no ha hecho sino crecer desde que el PRI perdió la presidencia. Los gobiernos panistas renunciaron en distintos momentos al único control que les quedaba sobre ellos: el dinero.

Se obligaron legalmente repartir los recursos de la federación, única que cobra impuestos y dueña de los ingresos petroleros, entre los otros miembros del pacto federal.

Diez años después del inicio de aquella tendencia, los poderes locales se han hecho sentir como nunca en las urnas y cuentan entre sus filas al precandidato presidencial prácticamente único del priismo, el gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto.

Se trata de una ilusión óptica, desde luego, porque hay más aspirantes presidenciales en el PRI –por lo menos el líder de los senadores, Manlio Fabio Beltrones, y la dirigente nacional del PRI, Beatriz Paredes, a los que suele añadirse el nombre de Fidel Herrera, gobernador de Veracruz.

Pero no fue ilusoria, sino aplastantemente real, la expresión electoral de la alianza de gobernadores en torno a su colega del Estado de México, quien ha influido decisivamente en las elecciones de otros estados –Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, antes Yucatán– y tiene alineados en su causa algunos otros, señaladamente los de Coahuila, Hidalgo y Tamaulipas.

De la periferia al centro avanza la nueva era del federalismo realmente existente de México, en donde el PRI representa ya una mayoría absoluta con 19 de los 32 estados en la bolsa y la entrada a saco en el corazón de algunas grandes ciudades como Guadalajara o Cuernavaca.

Las definiciones del liderato priista en la Cámara de Diputados será la primera definición sobre quién domina la alianza fundamental que la rige, entre una dirigencia nacional del PRI que se quedó con los puestos plurinominales y la gran maquinaria electoral de los gobernadores que revivió los viejos tiempos de la aplanadora priísta en el triunfo de 187 de 300 distritos de mayoría en juego.

La otra corriente de gobernadores priistas no alineada con Peña Nieto –el eje Oaxaca, Puebla, Veracruz– tendrá también algo qué decir en los primeros acomodos para la pasión genética del PRI: la sucesión presidencial del 2012.

Como el PNR original, el PRI es hoy más que nunca una asamblea de poderes locales. La batalla por el futuro no se dará en el centro, sino en las regiones.

acamin@milenio.com