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Incógnitas

Día con día

Héctor Aguilar Camín

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  • 2009-07-07•Al Frente

México amaneció el 6 de julio con un PRI en posición de imponer condiciones al gobierno y con una presidencia disminuida, a merced de la colaboración que el PRI quiera brindarle.

El PRI se ha levantado con la victoria sin decir para qué la quiere. Todas sus energías han sido puestas en ganar el poder y ha quedado poco o ningún espacio para hacer saber a los ciudadanos lo que piensan hacer con lo ganado.

Como el gobierno, el PRI no parece tener una oferta de futuro para el país, un compromiso sobre el rumbo que asumirá en los promisorios años que tiene por delante.

Como partido de poder, puede anticiparse que su prioridad será el poder: ganar la Presidencia en 2012.

La pregunta sigue siendo: ¿para qué? ¿Tiene en la agenda una propuestas de futuro para México? ¿Algo sobre finanzas públicas, crecimiento y empleo, seguridad y gobierno, educación y salud?

¿O es sólo una máquina que marcha al día, operando con inusual eficacia microscópica sin levantar la vista?

Por lo pronto, la definición central del ganador de estas elecciones es qué actitud de cogobierno que asumirá frente a la Presidencia de la República.

¿Se dedicará a bloquear al Presidente que ha derrotado, a terminar de aplastarlo, o a construir con él un gobierno de mayor calidad y de mejores resultados, no en servicio del PAN y del Presidente, sino en servicio del mismo PRI que heredará, previsiblemente, la Presidencia y el gobierno?

Lo he dicho ya en este espacio. Si yo fuera el PRI me estaría preguntando qué clase de Presidencia, qué clase de gobierno, qué clase de país quiero heredar en 2012, pues es más claro que nunca que sólo el PRI puede evitar un triunfo del PRI en la contienda presidencial de 2012.

Para el futuro inmediato, el PRI no tiene otro adversario al frente que sus pleitos internos por el poder y la posible soberbia de triunfador. Las tentaciones de la guerra intestina y la soberbia ganadora serán mayores entre menos fuertes parezcan los adversarios externos.

El hecho es que desde su posición de cogobierno ganada el 5 de julio, el PRI puede hacer mucho para mejorar el país que heredará si no lo desgarran sus demonios interiores.

Lo que el PRI hará con esos demonios es la incógnita del PRI. Lo que hará con la Presidencia como partido cogobernante, es la incógnita de Calderón. Lo que quiere hacer con el país, es la incógnita de México.

acamin@milenio.com