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Las andanzas del padre Navarrete

Entre el olvido provocado por la amnesia y la euforia de ganadores, perdedores y votantes en blanco en las todavía calientes campañas electorales, el 19 de julio se conmemora el bicentenario del nacimiento del padre Navarrete.
  • 2009-07-04•Literatura

Ernesto Román Orozco.
Ernesto Román Orozco. Foto: letralia.com

Francisco Monterde lo llama “cantor de ajenos amores o de amoríos imaginarios”, así como poeta descriptivo y elegiaco. Entre el olvido provocado por la amnesia y la euforia de ganadores, perdedores y votantes en blanco en las todavía calientes campañas electorales, el 19 de julio se conmemora el bicentenario del nacimiento del padre Navarrete. Si no un autor de culto sí un letrado extraño con formación de filósofo, profesor de latinidad y poeta laureado. Estudió además álgebra y geometría, esgrima y danza, así como dibujo en la Academia de San Carlos.

La mayoría de sus poemas se publicaron en El Diario de México entre 1806 y 1810. Sus Poesías profanas se publicaron por vez primera hace 60 años. Anterior a esta edición, en 1823, se habían editado en dos tomos sus Entretenimientos poéticos. Hay una reimpresión en París, en el siglo XIX y una edición de sus poemas inéditos hasta ese momento editado en 1929 por la Sociedad de Bibliófilos Mexicanos. El manuscrito de esa obra se encuentra resguardado, o se encontraba, en la biblioteca de Austin, Texas.

El resto de sus textos no pasaron la prueba del fuego a la que fueron condenados por su propio autor. “¿De qué me sirve, papeles,/ hijos de un bastardo amor,/ veros con tanto favor,/ si vosotros sois crüeles?”; así empieza el poema “En la destrucción de unos papeles amatorios”.

Casa llena

El Bar las Hormigas de la Casa del Poeta Ramón López Velarde fue insuficiente para dar cabida al público que asistió a la presentación de La isla de las breves ausencias (Almadía, 2009) de Francisco Hernández. Sucedió un viernes en las horas lluviosas de junio. “Ya tenemos al futuro Jaime Sabines de México”, comentó un contertulio.

No era para menos. Hernández ha logrado lo que pocos poetas mexicanos: consolidar una obra, ganarse a sus lectores a pulso y continuar confeccionando poemas de excelente factura, tallados en la carpintería de la paciencia, la vida misma y las presencias ajenas. Las coordenadas de su poesía entrañan lecturas, contemplación y búsqueda.

La voz de los poetas

Zapata el Caudillo del Son y su gente se aventuran a un ciclo poco usual en el que poetas y narradores hacen lo que nunca: cantar en público. “El poeta canta y el narrador… también” comenzó el 18 de junio con la voz y presencia de Jorge F. Hernández, siguiendo en el turno al micrófono Francisco Hernández y Ricardo Yáñez (25 y 2 de junio, respectivamente). Darán la nota el poeta, ensayista y académico de la lengua Vicente Quirarte (julio 16), el vate Hernán Bravo Varela (julio 23) y el poeta, narrador y promotor cultural Eduardo Langagne (julio 30).

¿Quiere corroborar que los poetas no cantan mal las rancheras? El ciclo se lleva a cabo en Centro de la Juventud Arte y Cultura Futurama (Otavalo 7, Lindavista, delegación Gustavo A. Madero).

Horas de Junio

Parte de la fauna literaria del país se trasladó a los cálidos dominios de Hermosillo y Guaymas, Sonora, donde se celebró del 25 al 28 de junio el XIV Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de Junio, con palabreros de Irak, España, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, Bolivia, Estados Unidos, Panamá, Venezuela y México.

Bajo la batuta del célebre Raúl Acevedo Savín, protegidos por el aura de la cerveza y la carne asada, esta vez las huestes de las letras le rindieron homenaje a San Carlos Monsiváis. Así es, mientras en la Ciudad de México José Emilio Pacheco era agasajado por sus lectores, el verano y las letras, ya no sólo norteñas, hacían lo propio con Monsi, quien se dejó apapachar y recibió la medalla “Por mi Madre, Bohemios”.

De aquel lado

No todo en Venezuela es glamour y consignas chavistas. La palabra toma vuelo en voz de Ernesto Román Orozco, quien a través de José Ángel Leyva, vocero siempre puntual de las querencias poéticas, nos hace llegar Artesa del tiempo, selección poética 2000-2008 (Monte Ávila Editores). El texto del poeta venezolano titulado “Galilea Montijo”, no sé por qué me hace recordar los cariñitos del maestro Rubén Bonifaz Nuño en Pulseras para Lucía Méndez y a Gloria Trevi y otros cielos del regio Arnulfo Vigil. Dice Román en prosa idílica: “Su cuerpo de alabastro azteca fue cincelado por dioses de delicada perversión. A su paso deja una estela de escarcha cruda y un hilo caliente de truenos en carne viva. (…) los pájaros riman oraciones del rocío matinal. Y sus pezones ¡Ah! Sus pezones son clavos del cielo”.

Sin Nombre

Con el pie derecho inició el 2009 Ediciones Sin Nombre. Pese a que las editoriales independientes no pasan por su mejor momento en cuanto a estímulos fiscales y apoyo del gobierno, José María Espinasa y Ana María Jaramillo suman títulos a la colección. Las restricciones del cuerpo de Jorge Ruiz Dueñas, Al sesgo de su vuelo de Espinasa, Casa de todos de Orlando González Esteva y Dar cuerda a lo imposible de Ludwig Zeller son los títulos que han visto la luz en meses recientes.

Tarea ingrata y dura la de hacer ediciones a cuenta del riesgo que representa escribir y leer poesía en un “país de lectores” como dice la publicidad respecto a México. Aunque placentera, supongo, en cuanto permite al editor sumar nuevos títulos a una colección, jugársela y apostar por la poesía.

Margarito Cuéllar
magocuellar@hotmail.com