Opinión : Mario Javier Sánchez de la Torre
El próximo 5 de julio
A sólo dos días de llevarse a cabo la jornada electoral de uno de los procesos electorales a nivel federal, posiblemente más importantes del siglo que inicia, la incertidumbre en cuanto a la forma en que reaccionará el electorado tiene bastante preocupados a los partidos políticos que están contendiendo, desde los que representan las principales fuerzas políticas del país, hasta los que forman la llamada Chiquillada, ya que seguramente para el bien de la incipiente democracia que vivimos alguno o algunos de éstos desaparecerán.
La preocupación además de ser en el sentido de cual partido político podrá llegar a ser mayoría en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, lo que por el momento parece difícil de lograr por cualquiera de los contendientes, también debiera ser en cuanto al porcentaje de abstencionismo que habrá.
En cuanto a la importancia que tiene el obtener la mayoría en San Lázaro, allá en el Distrito Federal, es obvia, pues esta posición será fundamental para los tres años de gobierno que restan del panista Felipe Calderón Hinojosa.
Por lo que respecta a la situación del abstencionismo que desde siempre, año con año se ha venido presentando y acrecentando en cada proceso electoral que se lleva a cabo en nuestro país, la preocupación debiera ser de igual importancia que la de lograr la mayoría en la Cámara de Diputados de la federación, pues en esta ocasión no solamente se deberá a aquellos que no asisten a votar por no creer en el voto, o por no haber sido convencidos por candidato alguno de hacerlo, o por echar a perder la boleta al no saber cómo utilizarla. En esta ocasión se trata de la aparición del llamado “voto nulo o voto blanco”, que representa la inconformidad de una sociedad cansada de tener que soportar y mantener a un grupo de inútiles, incapaces, impreparados, corruptos, payasos y cínicos, que por culpa nuestra detentan el poder, situación que después del actual proceso electoral debe desaparecer.
El abstencionismo en México durante los últimos procesos electorales ha sido así: en la elección de 1997 votaron 29 millones de habitantes; en la del año 2000 (elección presidencial) votaron 37 millones; en la elección intermedia del año 2003 votaron 26 millones y en la elección presidencial del 2006 solamente votaron 41 millones. Como se aprecia las elecciones intermedias como la actual tiene menos participación que las otras, lo que hace suponer a los expertos de verdad, no ha lo agoreros de los partidos políticos, que de los 77 millones de electores que hay en el listado nominal, con todas las situaciones que se están presentando, la participación el próximo domingo 5 de julio será de aproximadamente 30 millones de mexicanos. Al tiempo que no falta mucho. Hasta el lunes.


