Crónica:
La dificultad de cumplir con Hacienda
Iba sentada en el Tren Ligero hacia Xochimilco con MILENIO abierto sobre las piernas. Observaba el mural de Diego Rivera que narra un domingo en la Alameda Central de la Ciudad de México el siglo pasado. Bajo esa crónica pictórica se informaba sobre la polémica de la frase: “Dios no existe”, que fue escrita y borrado de ese mural.
Mayra iba al SAT de Xochimilco, donde varios de los pasajeros teníamos que ir por alguna cuestión relacionada a los impuestos. “Bajen en la estación Periférico, es la más cercana”, se recomendó y cuando el tranvía se alejó, los ojos de Mayra se abrieron desorbitados observando las escaleras, altas, para salir de ahí. “Dios no existe, de verdad no existe, cuando termine de subir y de bajar me van a cerrar la ventanilla en las narices y no sabré por qué demonios Hacienda no me deja reimprimir mis nuevos recibos de honorarios,” exclamó. Le ofrecí ayuda. Tomamos un taxi. “Gracias —dijo sonriendo—, si no entrego mi recibo el lunes, no me pagan mi sueldo de junio, y como la influenza me dejó bien bruja, Dios mío, me llevará el diablo porque mi cochinito no creo que tenga suficiente pa que me alcance.”
Llegamos. Número 3099, decía en su papelito. Le comenté que a mi me sucedía lo mismo. ¿Iríamos todos los del número 3 mil por la misma razón?
“Sí, hija mía, si Diosito nos da vida seguiré irremediablemente haciendo las cosas hasta el final como hacemos todos los mexicanos, pero yo entregué mi declaración el 31 de mayo, así que no está en mí”, dijo desesperado un señor que como los demás, estaba sentado en la fila de sillas azules de frente a la tele y al anunciador encendidos que cuelgan del techo de la Sala 4. La hija le responde que “si Dios quiere se arreglará, y si no quiere, pues no se arreglará”. “Yo también declaré, no entiendo, ya Dios dirá”, dice Mayra cuando su número aparece junto al de la ventanilla 53.
No da crédito a lo que le dicen del otro lado: “Su domicilio no existe, no lo localizó el verificador de direcciones”. “¿¡Cómo?! ¿Estaba pacheco el verificador o qué? Llevo viviendo ahí 18 años, la dirección existe en los viejos recibos, en mi credencial de votar, en mi último recibo telefónico”, estalla extendiendo los comprobantes. “Yo nada más le puedo informar la razón, y además, le toca ir al SAT de Iztacalco”, le dijo la empleada.
“¡Dios no existe, no existe!”, grita Mayra levantando el rostro hacia arriba donde la televisión curiosa y coincidencialmente anuncia en el 11 un programa donde un niño responde a la pregunta si Dios existe: “No existe porque me porto bien pero estoy enfermo.”
Mayra posa su mirada en el mural de la página abierta de MILENIO y sonriendo amargamente comenta que ella también se portó bien, pagó sus impuestos y por no tener sus recibos de honorarios, ahora sencillamente se quedará bruja. “Quién sabe si Dios existe o no existe”, dice en voz tan alta que a la salida un cristiano con el mismo problema, nos explica que el SAT verificó todas las direcciones en diciembre pasado y que a muchos les sucederá lo mismo. “Si quieres que Dios esté contigo, no dejes las cosas hasta el final”, aconseja.


