Mediocridad gringa

El pozo de los deseos reprimidos

Álvaro Cueva

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  • 2009-07-02•Hey!

Si usted pensaba que la televisión nacional era la única que tenía problemas es porque seguramente no se había sentado a pensar con detenimiento en lo que está pasando con la televisión de Estados Unidos.

Allá la crisis está espantosa porque los presupuestos son mayores, el cambio tecnológico despertó polémicas, las nuevas generaciones se niegan a mirar la televisión como lo hacían sus padres y el negocio de las descargas, los DVDs y las transmisiones por internet no está siendo tan redituable como se pensaba.

Pero donde más se sienten los problemas es en la parte creativa. Independientemente de cualquier involucramiento emocional que usted o yo podamos tener con títulos como “Cold case”, “Damages” y “Life”, las series gringas, en general, están del asco.

Déjeme lo pongo en antecedentes para que entienda la magnitud de esta desgracia: a finales de la década pasada y gracias a aportaciones como “Friends”, “Sex and the city” y “The Sopranos” se descubrió que se podían hacer series de televisión tan buenas o más que la mejor de las películas.

Si a esto le sumamos que, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 muchas personas hicieron una pausa en sus hábitos de entretenimiento para encerrarse a ver televisión, el resultado fue una nueva época de oro para la gran pantalla chica.

Y se juntaron tendencias y se consolidaron títulos como “C.S.I.”, “Law & order”, “Queer as folk” y “24”, y nacieron otros como “The O.C.”, “Rome”, “Dr. House”, “Grey’s anatomy”, “Six feet under”, “Prison break”, “Gossip girl” y “The 4400”.

El detalle es que conforme pasó el tiempo se saturó al mercado, aparecieron nuevas formas de ver todos esos contenidos, la gente volvió a salir a las calles, el cine se reposicionó, los sindicatos se dieron cuenta del dinero que no estaban recibiendo y aquello se cicló.

No sé si a usted le pase lo mismo que a mí pero de un tiempo a la fecha, cada vez que me siento a ver una serie estadunidense siento como si estuviera viendo telenovelas, siento que estoy viendo lo mismo.

Los mismos recursos dramáticos, las mismas copias de programa a programa e, incluso, uno que otro refrito como “The office”, “Ugly Betty” y “Life on Mars”.

Para empezar, a los grandes empresarios gringos le está pasando lo mismo que a los mexicanos: no tienen “llenadera”. Si una serie les funciona, la alargan y la alargan hasta hacernos odiarla, hasta acabar con ella.

Hay proyectos como “Smallville”, “Heroes”, “Two and a half men” y “Dirt sexy Money” que si sólo hubieran durado una temporada, hubieran pasado a la historia por buenos.

¡Ah, pero no! Había que alargarlos durante años a grado tal que muchos de sus personajes, que originalmente valían porque eran niños o adolescentes, crecieron, maduraron y le dieron en la torre al concepto.

¿Usted no está harto de hombres que sufren, mujeres payasas, médicos e investigaciones forenses? Yo sí, y ya me sé de memoria todo lo que pasó, pasa y puede pasar en producciones como “24”, “E.R.”, “The Tudors”, “Brothers & sisters”, “Samantha who” y “90210”.

Y luego están esas series hiper-archi-recontra-pretenciosas como “Lost”, “Fringe”, “Kyle XY”, “Nip/Tuck” y “Californication” que se supone que son para gente muy inteligente pero que en realidad son un atascadero de mafufadas armadas sobre la marcha.

¿Puede haber una salida más fácil para un equipo de escritores que no sabe qué hacer con su historia que arrancar sus capítulos con algo completamente diferente a lo que se quedó el anterior o que mandar a sus personajes al pasado o al futuro?

Reflexiónelo y va a encontrar este recurso y otros más chafas no en una sino en muchas otras emisiones que de tan aferradas a la continuidad, más que series, coquetean con las peores telenovelas gringas, ésas que se llaman “soap operas”.

Basta de series con 14 mil protagonistas de todas las razas, nacionalidades, edades y orientaciones sexuales, de buenos que en realidad son malos y viceversa, de enigmas y conspiraciones, y de personajes con poderes.

La mediocridad existe en todos lados y aunque las series gringas nos siguen regalando buenos momentos y las vamos a seguir tomando en cuenta, no las podemos idealizar. Hay que criticarlas para que no se duerman en sus laureles. ¿A poco no?