La rehabilitación, una opción
Afecta alcoholismo a mujeres de todas las edades y estratos
Parece que fue apenas ayer, cuando Magdalena a sus 30 años de edad, ingresó a un centro de rehabilitación de adicciones, ubicado en Santiago Tianguistenco.
Unas compañeras de la cantina, donde trabajó por muchos años y también inició su afición por el alcohol, decidieron llevarla a dicho centro, cuando la vieron llegar consumida por el vicio, esa tarde lluviosa, después de haber pasado varios días en la calle, dando tumbos, entrando a los sitios más lúgubres a pedir una copa, a cambio de unas caricias.
Cuando llegó al centro de rehabilitación, ya había caído la noche y los encargados del lugar, le ofrecieron un vaso medio lleno con un brandy corriente que ingirió de un sorbo. Fue su último trago de alcohol.
Magdalena estuvo cuatro meses recluida en esa casa de aspecto pobre, todos los días había sesiones, quien tenía deseos de hablar levantaba la mano.
A los cuatro meses, Magdalena, salió del centro de adicciones. Sus compañeras fueron por ella, la familia aún no creía en su recuperación.


