El golpe de Honduras
Día con día
Héctor Aguilar Camín
No hay sino repudiar el golpe hondureño como han hecho los gobiernos del mundo, por una cuestión simple de principios: las interrupciones de gobiernos democráticos son inaceptables.
Eso no quita que uno mueva escépticamente la cabeza viendo al ramillete de presidentes chavistas que encabezaron la protesta por el atentado contra la democracia hondureña de la mano de Raúl Castro, el demócrata sucesor del gobierno de Cuba.
Tampoco impide registrar el hecho de que todos esos gobernantes, como cortados por el mismo rasero o iluminados por el mismo proyecto, estén buscado con distinto éxito en sus países lo que Zelaya buscaba en el suyo: ampliar sus mandatos tanto como se pueda, mediante la reelección, hasta llegar a la co-
ta marcada por el mismo Chávez: la reelección indefinida hasta los años del 2020.
Se diría que los demócratas chavistas han encontrado la más obvia de las rendijas democráticas para perpetuarse en el poder. Es la conocida fórmula de Porfirio Díaz: reelección primero, reelección indefinida después.
Díaz llegó al poder en 1877 encabezando una revuelta contra la reelección del entonces presidente de México, Sebastián Lerdo de Tejada.
Díaz gobernó los cuatro años que duraban las presidencias entonces y dejó en el puesto a su compadre Manuel González.
Siendo presidente González, Díaz fue a visitarlo una vez para convencerlo de la necesidad de restablecer la reelección, pues el país no estaba para aventuras y necesitaba continuidad.
Cuenta la leyenda que Díaz explicó a Manuel González que se trataba de una medida de emergencia para terminar de hacer los cambios que el país necesitaba y que después se retiraría a la vida privada.
A partir de cierto momento de la entrevista, Manuel Gonzalez empezó a buscar algo en su escritorio. Abría un cajón y luego otro, hasta que Díaz le preguntó: “¿Qué tanto busca usted, compadre?” Manuel González respondió:
“Busco al pendejo que le crea todo lo que me está diciendo, compadre”.
Díaz se reeligió en 1884. Estableció la reelección consecutiva, primero, y la reelección indefinida después. Se reeligió indefinidamente hasta 1910, en que lo tiró de la silla una rebelión antirreleccionista.
Busco en mis cajones, como Manuel González en los suyos, alguien que crea que lo que están defendiendo los gobernantes chavistas y Raúl Castro es la democracia hondureña.


