Desde Tijuana con su Diagrama percutor/Ford: Proco, purificación electrónica

No hay otra protagonista que la música

Roberto Castañeda y Wito Lavolt son los estrategas de esta melancolía pulida de teclados y programaciones. Expertos en cortar y pegar, pero también de nutrir el abordaje de una onda procesada con emotivas intenciones.
  • 2009-06-28•Cultura

Es la creatividad pura en sonidos.
Es la creatividad pura en sonidos. Fotoarte: Mariano Espinosa

Con Ford: Proco se puede gravitar en la galaxia y, como sus sonidos sugieren, nunca buscar límites en ese viaje.

Oriundos de Tijuana, cuna de pilares de la electrónica como Nortec Collective o Artefakto, este dúo apela a la emotividad (que no emo, para que quede claro) y hurga en la imaginación como preámbulo para constatar que el arte de los ritmos procesados aguarda sorpresas, algo así como ondas de radio musicalizadas, con sus ruiditos efectivos y de tendencias ligeramente moderadas.

Y es que para ampliar el espectro de sonido hay que hacer un viaje al centro de las emociones, o de las galaxias, según sea el caso, y lo mismo vale para establecer los polos entre las ondas puras, que las estrategias de darle a las secuencias repetitivas amplio sentido, y que la magia se recree en cada fragmento a pulir en el inconsciente.

La frontera creativa
Así que en esa secuela de las ondas electromagnéticas, cabe todo cuanto sea llamado a pecar en nombre de los sonidos con causa-efecto.

Sin salirnos del contexto, la ambivalencia de sonidos permite acusar el significado puro de Diagrama percutor, su carta de recomendación. Como si ambos personajes quisieran purificarse no con ejercicios de meditación u oraciones, sino con artilugios electrónicos, lo cual vale proporcionalmente para estas épocas.

Y es que el magnetismo confluye desde el noise directo al imán oblicuo, desde el espiral de sonidos afectivos al dogma de un purismo inobjetable en aras de extender los dominios creativos.

Roberto y Wito colaboran e importan su sonido desde la franja que se explora en su basto universo, en esa frontera de rancheros a cabalgata electrónica a unos pasos de USA, en ese conglomerado de artistas que se nutren del pasaporte a otros parajes musicales; los mojados del desierto que experimentan el naciente rito de materializar y fugar los colectivos al rancho de los abuelos y demás estados de la República, donde con beneplácito atacan, en una revolución, que como en lucha de antaño, también empezó por el norte.

Ford: Proco como ellos lo expresan es resultado de unas influencias tan interesantes como caóticas: la música electrónica (experimental, noise, dance, industrial, ambiental y minimalista), los movimientos de ex vanguardia (futurismo, dada, surrealista, pop), el cine y literatura de sc-fi, entre otras.

“Nuestra propuesta desafía la fácil etiqueta, tornándose iconoclasta e irreverente a los patrones conocidos. Va del techno aerogroove-ambiental al electronoise experimental”.

Etiquetas que retrotraen el sentido ambiguo de la música y que se vuelven armatostes al momento de plasmar los recovecos de la era en que la digitalización renovó sus mejores tarjetas de sonidos, y los revolcó con los nuevos residuos de la imaginería del arte secuencial.

La lectura va desde los recortes de periódicos, el graffiti, las cintas de casetes desechas, máquinas industriales, arte urbano y demás materiales para reciclar, lo cual permiten acercarnos a las eclécticas intenciones de Ford: Proco, que desde 1987 circulan en esos circuitos en avance de la música experimental, cuando publicaban sus primera intenciones artísticas a puño y letra en Arte e Industria. Era el aspaviento musical de Lauro Saavedra y Roberto de la Torre.

Esos aires ochentenos los llevaron a procesar sus ideas en hoy cintas de colección como Encendido motor, Fin de la infancia (muerta) y Fp Corporación, ya en onda con sintetizadores y cajas de ritmos.

En los noventa dieron la pelea con la versión Ford: Proco con el cambio Roberto por Roberto Castañeda y aparecen en compilaciones (constante en esa década en su carrera) como Bellow San Onofre, donde resuenan “Abzeichen” y “MTH”.

Fragmentos de ocio en el hocico del cerdo (Opción Sónica, 1994) está ya en avanzado mosaico postindustrial en México, y ya valorados en la nutrida escena experimental con un merecimiento unánime. Este álbum es de versión trío (Lauro Saavedra, Roberto Castañeda y Max Llanes).

Vértigo de lodo y miel es el segundo CD en forma bajo su propio sello (At At Records), en el que invitan a los ingleses Peter Christopherson y John Balance, mejor conocidos como Coil, y con Nacho Canut de Fangoria; así que con esos invitados, no puede ser de otra que un paraje denso y minimalista.

Diagramas percutores en ocho trazos
Ocho canciones integran este disco ampliamente compatible con cualquier estéreo cuyo dueño quiera adentrase en los sonidos electrónicos y experimentales.

Diagrama percutor posee el veredicto iniciático de “Capicua”, envolvente en la atmósfera cuidada que nos llevará a la “Galaxia (ani3 edit)”, o en esas estratosferas tan recurrentes en los tijuanenses como “Sleep” o “Polar es círculo”, como ese sueño hiper a 35 chipvoluciones por minuto.

“Irrompible” es el sonido al día, con esa mezcla itinerante de lo mejor del plato digital. “La torre y el diablo” es un teje y maneje del dúo termodinámico, para que “Kursk” decore cualquier reunión de chavos que quieran algunos pasajes de Ford: Proco en su línea experimental, como si no bastara el laboratorio creativo. “Universal flux” sella las curiosidades de hacerlo en trío con Max Llanes, justificando el número perfecto de un disco que nos hace entrar en ambiente electrónico por un buen rato.

No se lo pierdan
El disco se consigue en atat-records.com o en cualquier tienda de servicio cibernética.

Checa: ford-proco.com.mx o myspace.com/fordproco

Pertenecen a esa escena de ensueño y protagonista de Tijuana.

Israel Morales