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La puerta estrecha

El canto de las aves

La ciudad se encoje desde aquí. —Los grandes miradores siempre nos enseñan cuán pequeños somos frente a la naturaleza. Suena un tenue jazz.
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  • 2009-06-27•Teatro

Integrantes del Cirque du Soleil recorren las calles de Toronto.
Integrantes del Cirque du Soleil recorren las calles de Toronto. Foto: Jennifer Robert

Este bar, The roof lounge, tiene una vista maravillosa. Los edificios iluminados resaltan como damas en un baile. Piso 18. La ciudad se encoje desde aquí. —Los grandes miradores siempre nos enseñan cuán pequeños somos frente a la naturaleza. Suena un tenue jazz.

Como sucede (ya es un lugar común), un hombre está solo en la barra, odiando o disfrutando su soledad, olvidando o encontrando. A saber…

Allá, junto a la barra, una serie de caricaturas ilustran una pequeña pared verde. Miro a Margaret Atwood dibujada con su grande nariz.

Le pregunto a un mesero bonachón por qué están ahí esos retratos.

—Ella venía a escribir a este lugar, lo dice mientras limpia un vaso.

Dicen que Margaret Atwood sabe imitar los cantos de distintos pájaros de manera extraordinaria. En una entrevista, hablando de su más reciente libro, La puerta, un poemario en el que recorre toda su trayectoria emocional: desde la niñez hasta la vejez, decía: “Escribir es como construir casas, mientras que escribir poesía me hace sentir como el pájaro que canta”. Ser espectador es un poco eso, sentirse como un pájaro que canta o que escucha el cantar de las historias.

The Globe and Mail, periódico local de Toronto, anunciaba con bombo y platillos, ¡con toda una página diaria dedicada a la cartelera y movimiento teatral, cosas que ya no se ven en México!, que se presentaría una pieza de suspenso que recrea la vida y el oscuro mundo de Edgar Allan Poe, entrelazado con los versos de “El cuervo”. Nevermore se tituló y fue realizado por una de las compañías más importantes de Canadá: Catalysm Theatre.

También se anunciaba que el Cirque du Soleil presentaría gratis y al aire libre un espectáculo creado especialmente para Luminato —festival cultural que por tercera ocasión se realiza en esta ciudad, y en el que participaron desde músicos como Goran Bregovic hasta escritores como la misma Atwood y las mejores compañías teatrales—. Los actores del circo recorrían la orilla del lago Ontario haciendo paradas en tres escenarios y uno podía seguirlos todo el espectáculo.

Y este acto circense parece que escénicamente parafrasea lo que Atwood dijo sobre el canto de los pájaros. En las avenidas cientos de personas miraban la poetización del cuerpo a plena luz del día. Puede uno pensar que ahí no se está contando nada (a veces, sólo a veces, eso no importa, como ahora), pero estuvimos presenciando un canto primaveral, a la naturaleza y a las aves a través del circo. Lo más importante ha sido ver la reacción que lograban en el público, las sensaciones. Ésa es una de las cosas más valiosas en el mundo del arte.

El festival estuvo dedicado escénica y literariamente a Edgar Allan Poe, así que hubo diversas actividades, como la de una agrupación que a manera de cabaret llevaban la obra de Poe al escenario.

Una vez más confirmo que la poesía y el teatro son dos disciplinas que, sin buscarlo, siempre encuentran su punto de reunión.

La puerta estrecha se ha cerrado.

Alicia Quiñones
lapuertaestrecha1@gmail.com