De culto: Leopoldo Marechal
La tradición en tiempo presente
La obra de Marechal es profusa y compleja, abarca tres tomos, que incluyen poesías, varias novelas, un par de obras de teatro y un grupo de ensayos. Sin embargo Marechal, antes que nada para los argentinos, para la literatura argentina, quiero decir, es el autor de Adán Buenosayres. Nació el 11 de junio de 1900. Vivió setenta años y fue maestro de escuela. De la década del 20 son sus primeras poesías, género por el que recibirá el Premio Municipal. En Europa, conoce a Picasso y a Berni, también escribe los capítulos primeros de la novela mencionada más arriba, que publica en Buenos Aires en 1948. Después, vinieron El banquete de Severo Arcángelo (1965) y Megafón o la guerra (1970). Inicialmente, Marechal había formado parte del grupo Martín Fierro, en los treinta, adhirió a la doctrina católica, y desde el 45, activamente al peronismo. Pero si por una cuestión de espacio vale dejar al margen la discusión sobre sus posicionamientos ideológicos, lo que singulariza Adán Buenosayres de Marechal, uno de sus rasgos más definidos, es su trabajo con la tradición literaria. Aunque siempre que se escribe se está dentro de una tradición —lo contrario es desconocimiento o descuido—, en Marechal estos ecos y estas resonancias se hacen explícitos, conforman la materia de su trabajo en las dos vertientes en las que se los suele explicitar: la parodia y el homenaje. Porque entre sus rasgos también está el humor, un humor desopilante organizado desde las palabras. Y la elaboración de los mitos. Y la épica. Los ejemplos abundan. La pelea de barrio, durante un partido de futbol en la calle, en la que entran los dioses griegos, o el batón de Samuel Tesler, cuyos dibujos superan los del escudo de Hércules, la vigencia de la Poética de Aristóteles articulada como payada gauchesca, el descenso a los infiernos, el viaje incomparable y magistral a la oscura Ciudad de Cacodelphia. El cruce entre el lenguaje coloquial, porteñísimo, con un lenguaje terso y subido es el mecanismo por el cual Marechal inserta el mito en su narrativa. Su modo de anclar la obra en el corpus literario, que es también un modo de sostener que toda obra es en el fondo un palimpsesto, un diálogo, una relectura. Y esto último no es menor. Con una idea similar, Borges organizó casi toda su cuentística. El caso es que si un libro trabaja la tradición literaria, lo que está haciendo, en realidad, es definir esa tradición. La tradición, como la historia y la memoria, sólo existen en tiempo presente. Siempre se las construye desde el hoy. Adán Buenoayres es fundacional para la literatura argentina. Se ha dicho de esta obra, y con razón, que es un monumento a la lengua. Vale agregar también que, entre sus virtudes incontables, está la de la alegría que genera leer este libro.
Marina Porcelli
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