Reseña
Las vidas de Juan Rulfo
I
La breve y poética obra de Juan Rulfo ha dado pie a una inmensa bibliografía crítica dentro y fuera de México. Esto se debe, sin duda, a que la obra rulfiana cifra un misterio literario tan poderoso que tal vez nunca pueda ser develado. Aquí radica su fuerza y su capacidad seductora. Por ello muchos críticos han emplazado complejas estrategias de análisis para arrancarle a esa obra su secreto. Sin embargo, cuando los métodos de análisis literario muestran sus límites frente a la infinitud de la obra, el acoso crítico se dirige al autor, como si el autor tuviera la clave de su obra o como si la obra pudiera ser explicada mediante la biografía. En el caso de Rulfo, este equívoco ha sido fecundo, y quizá ningún rulfista ha querido evadirlo. En efecto, la biografía de un artista será siempre un equívoco, porque la anécdota suple muchas veces el juicio estético; y hay casos extremos en que el autor-personaje-social opaca o eclipsa su propia obra. No se puede negar, sin embargo, que ciertas biografías proporcionan claves de lectura o iluminan de manera oblicua una obra. La vida de Rulfo, por ejemplo, nos permite comprender —pero no explicar— ciertos enigmas de su literatura: el silencio que resuena desde la escritura y que será durante 30 años la única forma de expresión del escritor, la obsesión de la muerte, la violencia, y cierta visión postapocalíptica del mundo, entre otros. Pero ¿qué sucede cuando el autor da versiones distintas de un mismo hecho? ¿Cómo aventurar un juicio literario, una clave de lectura, a partir de un dato biográfico falso? ¿Cómo asomarse a la historia escritural de una obra si el autor omite o tergiversa datos que permitirían conjeturar la forma en que se materializó ese misterio literario? Aparte de los textos de interpretación literaria estricta, una parte significativa de los estudios rulfianos han arrastrado equívocos generados por el propio Rulfo. Ha sido necesaria, pues, una investigación exhaustiva que confronte diversos documentos y dé una versión coherente de la vida y la obra del autor de El Llano en llamas y de Pedro Páramo. Y éste ha sido el propósito del libro Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo, en el que Roberto García Bonilla intenta establecer de manera fidedigna la historia literaria y vital del autor más estudiado, traducido y biografiado de las letras mexicanas. Para realizar este complejo estudio, García Bonilla consultó no sólo una extensa bibliohemerografía sobre la obra del autor jalisciense sino documentos personales e institucionales, entrevistas con Rulfo y sobre Rulfo, testimonios autobiográficos y de quienes convivieron con él, obras historiográficas y archivos históricos. Además dio seguimiento a la producción y publicación de las obras rulfianas, a las traducciones respectivas, a las obras musicales y coreográficas inspiradas en pasajes de la obra, a las adaptaciones teatrales y cinematográficas, e incluso a las obras literarias que toman la obra rulfiana como hipertexto.
II
Ningún crítico resiste indagar la vida del escritor cuya obra es objeto de su análisis interpretativo. Las vidas de Homero y de Shakespeare son, en este sentido, enigmas tremendos que su obra deja apenas entrever, pues son poetas que, de manera casi absoluta, desaparecieron detrás de sus palabras. Y tratar de reconstruir la biografía a partir de las obras es imposible. Tampoco es necesario. ¿Nuestra comprensión de la Iliada sería mayor si supiéramos dónde nació Homero y cuál fue su errancia por el mundo? ¿Conocer la juventud de Shakespeare nos daría una clave de lectura para interpretar Hamlet de manera novedosa? No, sin duda, la valoración estética no necesita las muletas de la anécdota personal; pero nunca dejaremos de lamentar que la biografía de ambos poetas esté sellada por el silencio; por lo tanto, no dejaremos de escudriñar esas obras que ocultan de manera obstinada a sus autores, pues quizá alguno de esos laberintos verbales nos revele, aunque sea de manera fugaz, el perfil o la sombra del poeta. Desde este punto de vista es comprensible la necesidad de establecer, con márgenes mínimos de incerteza, el devenir escritural y vital de Juan Rulfo. Para ello, García Bonilla no se arredra ante la cantidad de medias verdades y de testimonios falsos que Rulfo dijo respecto de sí mismo y de su actividad literaria. El peligro del biógrafo radica en alzar una estatua justo en el lugar del autor biografiado, el escritor se vuelve entonces intocable, y ésta es la mejor forma de falsificar una vida; García Bonilla salva este peligro a partir de un perspectivismo crítico y documental: registra todas las versiones de un mismo suceso y las articula de modo que el lector esté en la posibilidad de deducir sus conclusiones. Éste es su mérito pero también su peligro, pues hay episodios polémicos en que no basta la confrontación de testimonios sino que se requiere un análisis crítico para llegar a una conclusión lo más ajustada a la realidad.
III
Un tiempo suspendido se estructura en dos partes. La primera da seguimiento, año con año y mes por mes, a la vida de Rulfo, a su formación literaria, a la escritura y la publicación de sus textos, a su actividad fotográfica, a su pasión por la música, a su vida familiar, a sus diversos trabajos, a sus viajes, a sus amistades y enemistades literarias, etcétera. Es una suerte de bio-bibliografía que, como ya señalé, debido a la manía de Rulfo por ficcionalizar la realidad, era necesario oponer los diversos testimonios —tanto de Rulfo como de sus amigos y detractores— sobre un mismo hecho. Y la vida de Rulfo abunda en puntos polémicos que han desvelado a sus críticos y que se han prestado a equívocos diversos: el lugar y año de nacimiento, la influencia de Faulkner, la supuesta ayuda de Arreola en la estructura de Pedro Páramo, la historia de cómo escribió sus libros, su silencio literario durante 30 años, o su reiterada y falsa afirmación de que el medio literario mexicano no comprendió su propuesta narrativa y que, por lo tanto, sus libros no se vendían y tenía que regalar la mitad del tiraje. Este tipo de pasajes hacen que —pese al rigor académico, a veces árido— el libro sea de lectura agradable e incluso divertida, pues obliga al lector a deducir la versión más próxima a la verdad a partir del juego de oposiciones testimoniales y documentales. Ello nos muestra a un Rulfo vital, malicioso, humano, lejos de la imagen marmórea que muchos críticos han hecho de él.
La segunda parte del libro es un extenso apéndice bibliohemerográfico que registra las innumerables ediciones de la obra rulfiana, la publicación de textos dispersos (conferencias, prólogos, cartas, poemas, guiones de cine, textos de arquitectura e historia, etcétera), las entrevistas, las traducciones, la inmensa recepción de su obra (crítica, filmográfica, musicológica, plástica, etcétera), las biografías, las exposiciones fotográficas, y los homenajes y premios que le concedieron.
A pesar del carácter anecdótico de la primera parte, Un tiempo suspendido es un libro para estudiosos de la obra rulfiana. A partir de esta inmensa investigación que desde hace décadas era necesaria en el campo de los estudios rulfianos, ahora el crítico (sea genético, textual, hermeneuta o recepcional) está en la posibilidad de hacer estudios con una visión amplia, fiable y con márgenes de incerteza mínimos. En este sentido —y a pesar de sus errores, pues no hay libro de esta naturaleza que no tenga un margen de error— es ya un libro central en los estudios rulfianos, pues no habrá rulfista que no tenga la necesidad de consultarlo para esclarecer las dudas e imprecisiones que ha suscitado una obra tan breve y una vida tan reservada y enigmática.


