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Michael Jackson & Farrah Fawcet

Política cero

Jairo Calixto Albarrán

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  • 2009-06-26•Al Frente

Triste 25 de junio. Muere Farrah Fawcet, el ángel caído de Charlie, sin cuya gratísima presencia en su traje de baño rojo con fondo de sarape de Saltillo, amén de aquel póster indispensable de ella en una bicicleta, habría sido muy cuesta arriba para mi generación transitar por el árido desierto de la adolescencia. Cae también, inesperadamente quizá para opacar a la rubia platino de nívea sonrisa, Michael Jackson, el mascarón de proa de la cultura popular más ochentena. Más allá de sus aficiones a la subrogación de guarderías y a sus fellinescas excentricidades, creó un espectáculo sonoro fundamental. De la mano de Quincey Jones construyó uno de los aparatos musicales más contundentes e inobjetables.

Por cierto, ¿sí saben cuál fue la verdadera causa de deceso de Jacko? Después de ver la película donde Diego Luna encarna a un imitador de Michael Jackson, el pobre se dijo a sí mismo que ya la vida no tenía sentido.

Pero ante el tamaño tsunami que pone en perspectiva las dimensiones de la leyenda del gran Michael, no dudaría que el señorito Gómez Mont en su mejor estilo rimbombante, emperifollado y rocambolesco, habría pensado en mandar un comunicado desde la secretaría a su noble cargo, exigiéndole a Michael Jackson y sus fanáticos que le bajaran el tono altanero de sus lamentos globalifílicos y multimedia, pues “por indolencia o mala fe”, estaban impidiendo que los mensajes de su jefe, gurú y maestro, Jelipillo Calderón, llegaran a buen resguardo a las mentecillas de la mexicaniza que abreva en sus discursos como exploradores extraviados en las aguas tiernas de un oasis en el desierto.

También me temo que aprovechando la coyuntura, el señor Karam de inextricable grisura, hará circular una lista de los beneficiarios de los programas de subrogación de las guarderías del IMSS donde el único nombre visible será el de Michael Jackson.

Y no dudo que bailando moonwalk con calcetines y guantes plateados, agarrándose sus partes innobles mientras dan grititos dudosos, los distinguidos Eduardo alBours y Juan Molinar Orca-sitas, escurrirán el bulto de la tragedia de Hermosillo. Estos peripatéticos personajes deberían aprender a José Antonio García, dueño del Aclante y de Jorge Vergara, el padrote de las Chivas que no se andan con jaladas: el primero llamó “mandilón” al segundo y este lo definió como “Hampón”.

Así sí gana la gente.

Será por eso que me uno al llamado en Twitter de una coreografía colectiva de “Thriller” en el Zócalo pero, agregaría a manera de sugerencia, que sea al estilo de Spencer Tunick.

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