Guía práctica para mandar al diablo a las instrucciones

Acentos

Diego Petersen Farah

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  • 2009-06-20•Al Frente

Una de las bromas más comunes entre los analistas de café de izquierda era que, cuando alguien terminaba de echar su rollo de análisis de coyuntura, normalmente extenso, falto de datos y poco claro, sobre las condiciones de la realidad, alguno de los mismos compañeros le espetaba: “y si la realidad no es como tú dices, pues entonces peor para ella”. Este vicio de acomodar la realidad a la voluntad no es, por supuesto, exclusivo de la izquierda, el dogmatismo es también parte esencial de la derecha, pero el afán de hacer análisis permanentes de la realidad es más un vicio izquierdoso, aunque “la realidad” ni se entere ni se inmute.

El problema de este vicio, como de cualquier otro, es que tiene consecuencias que pueden ser irreversibles. Puesto en términos de cajetilla de cigarros, podríamos decir que el abuso del afán de adecuar el mundo a la voluntad puede causar serios riesgos en la visión de la realidad y desarrollar autismo político. Algo muy similar está pasando con Andrés Manuel López Obrador: su aislamiento, su incapacidad de diálogo con otras fuerzas y su egocentrismo le han llevado a lecturas de la realidad que ya rayan en el cotorreo y, lo que es peor, se la toma en serio.

El caso Iztapalapa no es sino la síntesis grotesca de un proceso que se venía dando al interior del movimiento lopezobradorista en todo el país y desde hace meses. La forma en que se decidieron las candidaturas al interior del PT y Convergencia fue, en mayor o menor medida, lo mismo: dedazos disfrazados de lo que quiere la gente. La diferencia en el PRD es que existe al menos otra corriente, igual de fuerte y quizá no menos mañosa, que le topó al Peje en sus decisiones y llevó el caso hasta los malévolos tribunales.

Lo que hizo el martes Andrés Manuel López Obrador en Iztapalapa no fue sino una guía práctica para mandar al diablo a las instituciones en cinco sencillos pasos. No era broma, pues, aquella frase de finales de la campaña de 2006, y que fue el error más grave y decisivo del resultado electoral.

Paso 1. Todo cabe en una mafia sabiéndolo acomodar. Si la decisión del Tribunal no nos favorece entonces es parte de la mafia. La mafia política, dice Andrés Manuel, está en todos lados, en la Cámara de Diputados, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el IFE, en el Tribunal… Pero ni él ni René Bejarano ni Dolores Padierna son parte de la mafia, porque ellos se cuecen aparte, o simplemente son de otro cártel.

Paso 2. El enemigo está en casa. Si quien interpuso la demanda ante el Tribunal es alguien del mismo partido, entonces hay que desconocer al partido. Él es parte de ese partido, pero cuando no conviene, al diablo también con el partido, que no es más que un instrumento para hacer la voluntad de la gente. Pocas instituciones son tan intercambiables como el partido.

Paso 3. Tu casa es mi casa. Si el enemigo está en casa, entonces hay que cambiarse a la casa de los amigos. El planteamiento es sencillo: vámonos todos al PT, hacemos ganar al candidato y luego le pedimos que renuncie. Parece simple y eficiente, salvo que a los amigos nadie les pregunta su opinión. Una cosa es que te invite a mi casa y otra es que te apoderes del control de la tele (en los hogares modernos éste es el verdadero símbolo de poder). Pero la voluntad del pueblo está por encima de todos, incluso la de los dueños de la casa.

Paso 4. Para eso son los amigos. Una vez ganada la elección (lo cual nunca se pone en duda porque la verdad, y Bejarano, están de nuestro lado) y que se haya hecho renunciar al ganador, entonces hay que pedirle al carnal Marcelo (nunca mejor dicho lo de carnal) que le acepte la renuncia al candidato de juguete y que proponga a la Asamblea del Distrito Federal a quien nadie eligió, pero que es la que el pueblo quiere como delegada: Clara Brugada.

Paso 5. Del resto nos encargamos nosotros. Una vez llegada a la Asamblea la propuesta, de los demás “nos encargamos los buenos que para eso somos mayoría”. Entre los buenos del PRD, los del PT y Convergencia se puede hacer que todo suceda, se tuerce la ley, se firman dictámenes, ahora sí que lo que se necesite. Pero que quede claro, ésta es la única mayoría no mafiosa del país.

Cinco instituciones mandadas al diablo en un solo movimiento: el Tribunal Electoral, el PRD, el PT, el Gobierno del Distrito Federal y la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. No cabe duda que los asesores de Andrés saben bien cómo hacerlo.

Para lograr lo que quiere la gente no hay que escatimar esfuerzos. Las instituciones tienen que estar al servicio de la gente y no al revés. Para que gane la gente no hay institución que merezca sobrevivir. Hasta suena bien y habrá incluso quien compre estas premisas, excepto que, en su autismo político, Andrés Manuel confunde la palabra Peje, con la palabra gente. López Obrador cree tener el monopolio de lo que quiere la gente, y ése es peor que el de la televisión, el del cemento, el de teléfonos e incluso que el de la creencia.

diego.petersen@milenio.com