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El país que sólo unos ven

Augusto Chacón

Augusto Chacón

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  • 2009-06-13•Al Frente

Esta semana en Público los anulistas fueron llamados flojos (Carlos Marín: “los promotores del anulacionismo debieran, pero en chinga, ponerse a trabajar.”); estúpidos (Roberta Garza: “Sí, es cierto; anular el voto es una manera válida de manifestar rechazo a un sistema partidista excluyente, desinteresado y mentiroso. Pero es una manera tan válida como estúpida;”); desinformados (León Krauze: “Sólo es cuestión de dejar de rasgarse las vestiduras e informarse.”); manipulados (Público: “Representantes de PRI, PRD y PSD aseguraron que el voto nulo se transformó en sufragio azul, debido a que el gobierno federal y el PAN aplican desde febrero pasado esta estrategia con base en recomendaciones del publicista de origen español Antonio Solá.”).[Si este Solá fue capaz de armar tal movimiento, ¿no habría sido mejor ponerlo a trabajar para que el PAN ganara las elecciones?]

Lo que subyace en posturas como éstas es la defensa de las instituciones, aunque es difícil sostener sus argumentos: si los anulistas quieren destruirlas y por esto son condenables, entonces llevemos a un altar a los que votan duro, pues lo que buscan es que la suya, su institución, se perpetúe, haga lo haga, postule a quien postule. Garza, Krauze, Marín y muchos con ellos son capaces de llegar al insulto con tal de sostener la impoluta institucionalidad que, dicen, representan los partidos; no les importa el tufo fascista de sus posiciones: se prohíbe disentir, esta democracia va contigo, sin ti y a pesar de ti.

Pero cuando de elecciones se trata tenemos que recurrir al gran maestro: José Woldenberg, hoy empeñado también en combatir el voto nulo. La siguiente cita le pertenece, es de un texto que en unos días cumplirá 20 años, apareció primero en Punto, y luego, junto con otros artículos de él mismo, vio la luz en Revuelta y Congreso en la UNAM (UNAM, 1994): “Ludolfo Paramio insiste: ‘Estar siempre en contra del poder puede ser puro escapismo, estar siempre a favor de un partido puede ser simple enajenación.’ Entonces plantea una pregunta que parece vital: ‘¿Cómo se concilian el compromiso y el talante crítico?’ Y ofrece lo que él mismo llama una ‘respuesta ridículamente simple’. ‘El compromiso moral se debe definir en torno a una serie de valores… y el talante crítico debe manifestarse ante todo en la toma de distancia respecto a las ideas dominantes’. (…) Es decir, el intelectual debe ser capaz de rebelarse contra las ideas en boga en su propio medio. (…) Esa reflexión (aquí sintetizada) resulta pertinente en nuestro medio, donde las relaciones entre intelectuales y partidos o intelectuales y poder nunca han dejado de tener un carácter instrumental mutuo, y cuando uno de los mayores retos que enfrenta el país es el de construir nuevas coordenadas políticas y culturales. Porque (y retomo de nuevo a Paramio), no serán los ‘curas de derecha e izquierda, (ni los) papagayos autosatisfechos, (ni los) obsecuentes cortesanos y mediocres funcionarios del Santo Oficio’, los que contribuyan a crear y recrear un auténtico clima para el debate democrático.”

Si Woldenberg y todos los antianulistas se adjudican un “compromiso moral” asentado sobre ciertos valores, parece que entre éstos no está el de la pluralidad: les estorban quienes no ven las cosas como ellos, los que se proponen emplear su libertad legalmente anulando su voto. Si Woldenberg y compañía esgrimen un “talante crítico”, lo demeritan al cancelar la distancia que Paramio propone tomar de las ideas dominantes, tal vez porque, y re-cito: “en nuestro medio, donde las relaciones entre intelectuales y partidos o intelectuales y poder nunca han dejado de tener un carácter instrumental mutuo”. Claro, me dirán, un texto tan viejo, atendamos la nueva postura del legendario consejero presidente del IFE (Reforma, 4 de junio): “Vivimos una enorme paradoja: si en algún terreno México vivió una transformación venturosa fue en el de la política.”

Ahí está, no nos hemos dado cuenta, por eso nos insultan: el país es otro, el péndulo está al extremo opuesto; ahora lo in es que los curas de derecha o de izquierda, que los papagayos insatisfechos y los obsecuentes cortesanos del Santo Oficio creen la atmósfera única para el debate democrático. Qué pena con los jóvenes, las “nuevas coordenadas políticas y culturales” se trazaron definitivamente en los noventa, búsquense otra causa.

abenavides@milenio.com