De nulos, apocalípticos e integrados
Acentos
Diego Petersen Farah
A juzgar por los correos recibidos, algunas de las expresiones que hice el día de ayer sobre los promotores del voto nulo resultaron ofensivas. Quizá no fui lo suficientemente claro y explícito en algunos temas, o quizá no entendemos los mismo con ciertas palabras. Trataré de ampliar mi argumentación. Si después de esto sigue habiendo ofensa entonces tendremos claro, al menos, que la ofensa está suficientemente argumentada. Lo que al parecer más molestó es la descripción y los adjetivos que utilicé para diferenciar a los abstencionistas de los promotores del voto nulo. A unos les ofendió una cosa y a otros otras, porque, y eso faltó dejarlo claro ayer, no todos los promotores del voto nulo piensan igual, ni parten del mismo punto.
Entre los promotores del voto nulo hay al menos dos corrientes distintas. Para usar la metáfora de Umberto Eco, los apocalípticos y los integrados. Los primeros, los apocalípticos, sostienen, que la crisis de la democracia es sólo parte de una crisis global del sistema liberal. Para este grupo el voto nulo significa votar no sólo contra el sistema de partidos sino contra el sistema económico. Este grupo ve en el voto nulo una forma de protesta y de hacer evidente que el sistema democrático liberal y económico neoliberal, bisnietos bastardos de la revolución francesa, llegaron a su fin.
El segundo grupo, los integrados, son parte esencial del sistema democrático; son ciudadanos que participan activamente en sus comunidades, que están muy lejos del valemauserismo y la mayoría de ellos estuvo en algún momento ligado a actividades que permitieron la construcción de la democracia. Son, por decirlo de alguna manera, la conciencia crítica del sistema de partidos. No reniegan de la democracia, sino de la forma en que los partidos se han adueñado de ella excluyendo a los ciudadanos y las agendas ciudadanas de aquellos que no son activistas de algún instituto político.
Mi argumento esencial contra el voto nulo no es que no sea una opción válida, sino que es un acto de protesta que difícilmente será observable en las urnas y que eso hace que el voto nulo como tal no tenga la eficiencia suficiente para sacudir al sistema de partidos. Pero esto no descalifica al movimiento, por el contrario. Lo valioso no es el resultado electoral que, creo, no será relevante, sino el movimiento en sí mismo. Lo que han logrado los grupos promotores del voto nulo, desde diferentes trincheras, con diferentes perspectivas ideológicas es, hasta ahora, lo más interesante que ha sucedido en esta elección y quizá lo único importante. El voto nulo no hay que medirlo en las urnas, sino en lo que provoca.


