Jaime Muñoz Vargas gana el Premio Nacional de Novela Rafael Ramírez Heredia 2009
Torreón .- A pesar de que el camino no ha sido fácil, Jaime Muñoz, ha recibido un reconocimiento más por su labor.
Obtuvo el Premio Nacional de Novela Rafael Ramírez Heredia, convocado por el Instituto Politécnico Nacional, revista La Otra (la ex Alforja) el Instituto de Cultura del Estado de Durango y la Fundación Guadalupe y Pereyra.
Los jueces que otorgaron el galardón fueron Eugenio Aguirre, Óscar de la Borbolla y Hernán Lara.
Lo grato, para el escritor, fue que este libro lo escribió en 1999 y una década después, se animó a sacarlo a la luz.
Parábola del moribundo, narra la historia de un poeta de 33 años que habita en La Laguna.
¿Cuál fue el detonante para que 10 años después sacara esta novela del cajón?
Cuando terminé la novela Parábola del moribundo sentí que debía dejarla reposar.
Con el paso del tiempo dediqué algunos momentos de revisión y eso me llevó a cambiar su aspecto como cinco veces.
Nunca me dejaba satisfecho, así que le permutaba, le quitaba y le añadía detalles.
Llegó a tener como 250 cuartillas y le tumbé páginas por kilos hasta dejarla de 120.
No fue difícil aligerarla.
Lo que pasa es que el protagonista es un escritor y creía pertinente que entre capítulo y capítulo mostrara textos de su cuño.
Eliminé esas secciones y el libro se contrajo.
Así que, en efecto, es un libro del 99, pero con intermitentes retoques aplicados durante una década.
¿Qué tema aborda Parábola del moribundo?
Es muy sencilla: trata sobre un poeta de 33 años, la edad que más o menos tenía yo cuando la escribí, que vive en La Laguna y, por ello, hace alardes de ingenio para sobrevivir y mantener su vocación:
corrige libros, imparte talleres, escribe reseñas e incluso desea escribir una novela, para ver si de allí obtiene algo.
Es pobretón, misántropo, resentido, culto y medio depresivo, y desde el primer capítulo traba amistad con un viejo de 70 años que jamás ha leído un libro pero tiene una enorme fuerza vital, pese a sus años, y es muy bueno para el trago y las mujeres, además de que tiene bastante plata.
De ellos narro las andanzas por la noche lagunera, el disparate de su amistad.
¿Qué significado tiene el galardón?
La primera vez que recibí un reconocimiento fue en 1984:
fue una mención honorífica en el primer concurso regional de cuento Magdalena Modragón organizado por la Universidad Autónoma de Coahuila Unidad Torreón; el jurado fue Rafael Ramírez Heredia, quien murió en 2006.
En 2009, lanzaron la convocatoria del concurso y lo gané, lo que es motivo de orgullo para mí, pues siempre he dicho que el mejor premio literario recibido fue aquella humilde mención honorífica determinada por Ramírez Heredia cuando tenía 20 años.
¿Este premio lo motiva a continuar con otros proyectos?
Los premios ayudan, pero no son determinantes de nada.
Este premio lo he recibido con gusto, me enorgullece, pero con o sin él yo sigo trabajando como puedo y cuando puedo, como el poeta protagonista de la novela.
La motivación más importante es la que proviene de quienes le otorgaron el primer lugar.
Escritores que respeto.
Con la creación de este tipo de convocatorias, ¿existen apoyos suficientes para los creadores?
Comparado con otros de Latinoamérica, México apoya decorosamente a los escritores.
Lo malo es que no hay, creo, tanto apoyo para quienes empiezan como sí lo hay para quienes ya están encarrilados.
Es un juego perverso: apoyan hasta que uno demuestra que la hace, pero lo malo es que muchas veces no se puede demostrar nada por falta de soportes.
Ante el vacío en el entorno local he buscado fuera y por suerte cada vez tengo mejores contactos en periódicos y editoriales de la capital y otros países.
Es cuestión de no bajar la guardia, de dignificar el oficio de escribir, no andarle rogando a nadie.
¿De dónde surgen nuevas ideas para escribir?
Desde hace varios años tengo al menos cinco libros en pausa.
A estas alturas ya son como gorditas: sale una y ya voy echando la otra en el comal.
¿A quién dedica el premio?
Parábola del moribundo ya tiene dedicatario explícito:
es un poeta de Torreón.
Todo lo que hago es para mis cuatro mujeres.
Quisiera darles algo mejor, pero no siempre se puede.
Por ejemplo, mis hijas están suspendidas de su escuela porque no he pagado la colegiatura.
Me deben dinero en otra parte.
Ser escritor no es fácil.
Hay que luchar para mantener este caprichito.


