Laguna sin ley
Politicuentos
Mario Gálvez Narro
No es casual que un número cada vez mayor de empresarios haya emprendido la huída a EU.
La creación de la nueva Fiscalía General del Estado, única en su tipo a nivel nacional, no ha logrado reducir la ola de violencia sin precedentes que se padece en la Comarca.
Ayer en la madrugada fueron baleadas personas inocentes en el cruce del bulevar Independencia y Hamburgo, en la colonia San Isidro, como consecuencia de un enfrentamiento a balazos entre sicarios y supuestos elementos de inteligencia militar.
Se trata del conductor de una camioneta y su hija de 18 años, quienes fueron baleados, en tanto que su esposa y una hija menor sufrieron diversas lesiones a consecuencia de que el vehículo chocó contra un inmueble al perder el chofer el control de la unidad.
En el mismo bulevar resultó también balaceado el Director de informática del Municipio de Torreón, Mario Giovanni Sáenz, quien circulaba en su vehículo paralelo a la camioneta.
Este incidente se suma a los ya numerosos atentados que han sufrido civiles inocentes a manos de la delincuencia organizada o que se encuentran en el lugar equivocado a la hora equivocada, y en los que han muerto tanto personas adultas como niñas y niños.
De acuerdo a la contabilidad oficial en lo que va del año se ha cometido más de un asesinato por día en la ciudad, lo que indica no sólo el grado de violencia al que se ha llegado, sino la impunidad con la que actúan los maleantes y de paso la incompetencia de las autoridades pues no han aclarado ningún caso.
El número de homicidios dolosos llega ya a 128, y no ha transcurrido ni la mitad del año.
De seguir las cosas como hasta ahora, y todo parece indicar que así será, en el transcurso del año podría haber casi 260 asesinatos en Torreón, lo que colocaría a la ciudad como una de las más violentas y peligrosas del país, sólo superada por Ciudad Juárez y Tijuana.
Lo paradójico del caso es que ese nivel de violencia sin precedentes coincide con la mayor vigilancia de las fuerzas federales en la región, que incluyen a la PFP y al Ejército.
Esa realidad lo que parece evidenciar son las fallas en la estrategia seguida hasta ahora por las autoridades federales y estatales en el combate a la delincuencia organizada, pues es cuando menos absurdo que cuando hay más operativos presenciales y de vigilancia en la región por parte de federales y soldados hay también un mayor nivel de violencia y de homicidios en la región.
Nunca se había llegado a estos niveles, y lo grave del caso es que no pocos sectores sociales parece que se han ido acostumbrando a esa realidad. Ya no parecen sorprender las balaceras, los ajusticiamientos y los levantones.
La comunidad ha llegado a un nivel de sobresaturación de violencia que ya no parece reaccionar ante los nuevos hechos violentos ni conmiserarse por las nuevas víctimas inocentes.
Por lo demás, aunado a lo anterior los sectores económicos han ido perdiendo fuerza para exigir a las autoridades de todos los niveles poner alto a esta situación.
A medida que la comunidad parece acostumbrarse a esos hechos brutales, en esa misma medida son cada vez menos los que exigen poner un alto a ese estado de cosas.
Mientras a uno no le toque, todo lo demás parece ser tolerable.
Esa es la actitud que no pocas personas han terminado por adoptar ante la incompetencia de las autoridades por cumplir con su obligación de dar seguridad y protección a la ciudadanía.
No es casual que un número cada vez mayor de empresarios haya emprendido la huída a EU.
Algunos de los más importantes tienen desde hace meses su residencia en ciudades del sur y centro de Texas, y sólo regresan a la región en ocasiones muy especiales y en plan de incógnitos, pues el temor de ser secuestrados o víctimas de algún atentado les ha obligado a cambiar radicalmente su estilo de vida y su lugar de residencia.
Lo lamentable del caso es que las circunstancias que los orillaron a salir del país no parece que vayan a cambiar en mucho tiempo, pues es un hecho que la estrategia seguida por el gobierno federal no ha dado los resultados esperados pese a que hay miles de soldados y policías en las calles.
Pero la salida del país de no pocos empresarios ha significado también la pérdida de empleos y, por ende, de mayores problemas sociales y de seguridad para todo el mundo.
Y lo cierto es que nadie sabe hasta cuándo comenzará a haber una mejoría en este terrible estado de cosas.


