El Gran Moco

DRAGONES

Eduardo Holguín

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  • 2009-05-07•Acentos

Cúpulas empresariales se dicen engañadas con las insuficientes medidas anunciadas por el gobierno federal para enfrentar la contingencia económica provocada por el “gran moco”.

Qué bueno que en el caso de la crisis por la influenza luego luego se dieron cuenta que los apoyos fiscales son paliativos diseñados para salvar la coyuntura mediática.

Pero me extraña que los iniciativos de la privada no hayan levantado el grito al cielo y no califiquen de engaño a todos los programas emergentes puestos en marcha por el Poder Ejecutivo, “disque” para enfrentar “la crisis económica que vino de afuera”.

Es verdad que el chahuistle nos cayó del norte.

¡Pero qué bonito pegó su chicle en una economía mexicana estructuralmente enferma!

Las 25 medidas anticrisis anunciadas con bombo y platillo por el Presidente y su gabinete son a todas luces insuficientes para contener el desliz hacia el abismo económico.

El secretario Carstens ya reconoció que, en el 2009, el déficit público va a ubicarse entre el 1.9 y el 2% del PIB.

Es decir, estamos gastando “un chorro de lana”, que no ingresamos, con los consecuentes peligros que ello implica en términos de sobreendeudamiento, inflación y desequilibrio cambiario.

A pesar del sobregasto que ejerce el sector público, en este año, la no creación de nuevos puestos de trabajo y los despidos masivos van a afectar a más de 2 millones de mexicanos.

Las cosas no pintan nada bien para la planta productiva a pesar de los mentados programas nacionales de empresas gacela, de paros técnicos, de renovación de licuadoras y refrigeradores viejos, de preferencia en compras del gobierno federal a las PyMES, de ampliación del financiamiento de la Banca de Desarrollo, de la difusión de la marca “Hecho en México”.

Y es que esos son programas vacilada, diseñados para darnos atole con el dedo ante la incapacidad de los actores del Estado Mexicano para concertar y poner en marcha políticas públicas que pongan a México en el camino de la competitividad, es decir en la posibilidad de rivalizar con los países emergentes campeones en eso de atraer inversiones y conquistar mercados desarrollados.

Los líderes de la iniciativa privada debe dejar de llorar y echar mocos, y romper su complicidad eterna con el poder público.

Que se decidan a representar los intereses del gran conglomerado empresarial.

columnadragones@yahoo.com