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Alucines sobre la influenza

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Antulio Sánchez

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  • 2009-05-02•Tendencias

El Mexican flu, como se le llama en el ciberespacio a la pandemia de influenza humana que afecta a nuestro país y otras naciones, ha generado en internet una serie de preocupaciones, de sitios que se han volcado a proporcionar información sobre su origen e incluso sobre las diferencias con la influenza típica.

Lo curioso en estas situaciones es que salen hasta debajo de las piedras expertos en salud pública, doctores o posdoctores en epidemiología y estudiosos de los desastres y las catástrofes, que presas del delirio son capaces de remitir en sus correos electrónicos los más variados y trastornados puntos de vista.

Hoy pululan en correos electrónicos las opiniones más falaces, donde los peritos en la conspiración dan rienda suelta a su imaginación. Pero a diferencia de los clásicos hoaxes en donde es común presagiar una catástrofe viral, se ha partido de lo contrario: de que la famosa afección viral de la influenza humana no existe, que es mera artimaña para abofetear nuestra inteligencia o para generarnos terror, con el fin de que el estado tome medidas represivas que de excepcionales pasen a ser rutinarias.

Otros correos han sido para referir que la emergencia sanitaria y el lanzamiento del virus de la influenza porcina es resultado de la venida de Obama a México y de las condicionantes que ha impuesto el Fondo Monetario Internacional a nuestro país, unos más refieren que el virus fue creado en un laboratorio de Estados Unidos o que es una treta gubernamental para desviar la atención de la crisis económica o para quitar la atención de la equívoca política para combatir el narco.

No faltan quienes creyéndose estrategas en geopolítica y mentores en la teoría de conspiración y el complot, hablan de aspectos más descabellados e indican que los gobiernos estadunidense y mexicano, así como el G-20, se pusieron de acuerdo para generar esta situación, para lanzar el virus, y de esa manera darse tiempo para hacer un mejor manejo de la crisis. Esto no sólo es reflejo de lo absurdas que son estas ideas, sino también de cómo varios usuarios usan el ciberespacio para preludiar el acaecimiento de la desgracia. Por lo que la red, en situaciones de desastre, ya no es el terreno solidario y de información confiable que dibujó Howard Rheingold en su ya lejano libro Comunidades virtuales.

Asanchez@milenio.com