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Cambio de frecuencia

Fernando Mejía Barquera

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  • 2009-05-02•Cultura

Probablemente nunca hubo en México, a través de los medios de comunicación, tanta información sobre un tema y al mismo tiempo tanta confusión y dudas con respecto a él. Es una paradoja que horas y más horas de información en radio y tv no logren disipar las dudas o disminuir los temores de una población que ve y escucha con azoro cómo funcionarios gubernamentales exponen y modifican cifras, bautizan y rebautizan a un virus que primero se llamó “de la influenza porcina”, luego “de la gripe humana” y ahora “A/H1/N1”.

DIRECTRICES INFORMATIVAS

El secretario de Salud, José Ángel Córdova —de perfil bajísimo antes de la crisis de la influenza, pero transformado en el hombre con más apariciones mediáticas en la última semana—, ofrece todos los días una o dos conferencias de prensa, además de entrevistas también cotidianas en Televisa o Tv Azteca, en su papel de vocero gubernamental investido de facultades extraordinarias —en virtud del decreto expedido por la Presidencia y aparecido en el Diario Oficial el pasado 25 de abril—, entre ellas una relacionada explícitamente con el contenido de la información a través de los medios: “(Es facultad de la Secretaría de Salud) la utilización libre y prioritaria de los servicios telefónicos, telegráficos y de correos, así como las transmisiones de radio y televisión, estableciendo las directrices informativas necesarias a fin de transmitir clara y oportunamente las medidas que se adopten para afrontar la contingencia”.

No ha quedado claro el alcance de esa disposición, es decir, si la Secretaría de Salud ha establecido “directrices informativas” y algunos medios las siguen. El caso es que el secretario Córdova hace uso continuo de cámaras y micrófonos para dar informaciones que no siempre son consistentes. Por ejemplo, en el decreto publicado el 25 de abril y firmado por Felipe Calderón se asegura que “un nuevo tipo de virus se propagó en la Ciudad de México y sus alrededores, causando al menos veinte muertos en los últimos días”. No obstante, en sus conferencias de prensa y entrevistas, el secretario de Salud corrigió el decreto y el martes 28 de abril, sin explicación, bajó a siete la cifra de fallecidos por el virus, para aumentarla a ocho un día después y aumentarla a 15 el viernes.

SUEÑO PANISTA

Por supuesto, no comparto la visión ni la versión de quienes sostienen que la epidemia de influenza es “un invento del gobierno para engañar al pueblo”, pero sí creo que la situación en que ha devenido nuestra vida cotidiana en estos días se acerca al sueño dorado del panismo más conservador: la sociedad está políticamente desmovilizada; las familias en sus casas; los niños pegados a la tele, el Play Station, el Xbox o el Wii; los jóvenes, igualmente en casa y bien portados, no acuden a fiestas ni al antro; las marchas y mítines están cancelados (políticos como López Obrador quedaron fuera de su habitat natural); el presidente del Senado, Gustavo Madero, y el secretario Córdova proponen que las campañas electorales sean “mediáticas”, nada de mítines, plantones o marchas en donde pudiera diseminarse el virus: sólo radio y televisión; el ejército sale a las calles para repartir tapabocas y gana puntos porcentuales a su favor en las encuestas donde aparece entre las instituciones “más confiables” para los mexicanos (ojalá hasta ahí llegue su intervención en esta coyuntura). Bueno, hasta los narcos parecieron bajarle a las ejecuciones y los levantones.

Según la empresa Parametría, Calderón subió, en marzo de 2009, cinco puntos en su nivel de aprobación con respecto a 2007. De 69 por ciento pasó a 74. Si las medidas dictadas por el gobierno son, como es deseable, eficaces desde el punto de vista sanitario, el panismo podría quedar muy bien posicionado frente a las elecciones del 5 de julio. Claro, siempre y cuando no duren tanto como para que el perjuicio económico que inevitablemente están causando afecte ese posicionamiento.

fmejia@milenio.com