Días de encierro
Acentos
Diego Petersen Farah
Es más fácil matar al virus que matar al tedio. En estos días obligatorios de guardar, donde el presidente nos ha impuesto una suave cuarentena (sin obligar, a nadie ha recomendado quedarse en casa y no salir) hay que tomarlos con filosofía. Así son y así han sido siempre las pestes. El tedio de una peste dio origen a una de los más grandes libros de relatos de todos los tiempos, El Decamerón, escrito, sistematizado, puesto en papel, como se quiera, por Giovanni Bocaccio en 1351. El origen de este libro fue el tedio de una peste. Amenazados por la enfermedad diez florentinos, siete mujeres y tres hombres, decidieron refugiarse en una villa a la afueras de la ciudad donde estarían más seguros, alejados del contagio. Para no aburrirse cada uno de ellos debía contar una historia cada día, y cada uno de ellos sería el líder y organizador de las historias un día: el libro son los cien relatos de los diez días. De hecho, etimológicamente la palabra decamerón significa diez días. La obra de Bocaccio se hizo todavía más famosa cuando el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini la llevó al cine (1971) como parte de una Trilogía de la vida junto con Los cuentos de Canterbury (1972) y Las Mil y una noches (1974).
Como el presidente de la república ha decretado un “pentamerón”, cinco jornadas de alejamiento, más vale que nos vayamos inventando quehaceres para estos días de encierro. Las posibilidades de ahorcar a un hijo(a), esposo(a), suegra(o) perico(a), de sacarle las patitas a la tortuga o terminar licuando al gato con salsa maggi y licor de menta, nomás para ver como se mezclan los colores, es altísima. La mejor opción es dedicarnos a contar historias como en El Demamerón, pero si no se puede he aquí algunas recomendaciones para mantener la salud física y mental, y evitar que nos salga el Jack Nicholson que todos llevamos dentro.
Tapabocas: Cuando la convivencia es intensa, prolongada y obligatoria la posibilidad de decir algo fuera de lugar aumenta considerablemente. Piense todo lo que quiera, pero no diga todo lo que piense. Automedicación: No se recete whisky o tequila. Alcohol, tedio y familia es mezcla explosiva. Consuma solo la que le administre su pareja. No saludar: Los besos y abrazos en estos momentos pueden tener efectos contrarios a los buscados, así que váyase con calma en estos temas. Si toca, toca; si no, ya vendrán momentos mejores. Lavarse la manos: Cuando comiencen los reclamos y los juicios sumarios entre los miembros de la familia (seguro que ocurrirá) usted, como Pilatos, lávese las manos y libere a Barrabás o como se llame el perro de la casa, llévelo a dar la vuelta y platíquele todas las historias que quiera. Ya lo dijo Jis, el perro tampoco te entiende, pero cariño no le falta.


