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Cuando tienes la mierda hasta el cogote, sólo queda cantar

Política cero

Jairo Calixto Albarrán

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  • 2009-04-29•Al Frente

El optimismo no nace por generación espontánea, tiene que ser producto de la sesuda reflexión y del conocimiento, de otra manera es charlatanería para adictos a los libros de superación personal. Es por eso que en momentos tragicómicos, donde el terror porcino cunde, pienso en las siempre alentadoras, filosóficas y poéticas de esa fuente inagotable de positivismo y buen humor llamada Yuri: Siempre vendrán tiempos mejores, con letra y música de Sergio Andrade, mejor conocido en los bajos fondos del tráfico de carnes frías como Sergio El Violador.

Digo, aunque estemos seguros que el barco se está hundiendo y que el capitán nos ha mentido como nos ha advertido desde tiempos inmemoriales el maestro Leonard Cohen, siempre nos quedará la seguridad de que la cosa podría estar peor. El terrorismo sanitario toma por asalto nuestras vidas, cierran restaurantes como si fueran focos de infección, la gente, aún aquella a la que no tocarías por principio ideológico humanístico, teme tus contagios.

El que tose o estornuda es condenado al aislamiento mientras a la masa le urge por ejercer su derecho al linchamiento. Los oportunistas y los histéricos, que a veces son lo mismo aunque no sean iguales, se aprovechan capulinamente hinchándose los bolsillos: ya se sabe, cuando en la calle corre la sangre, es momento de hacer negocio.

No hay cines ni teatros, y los baños de pueblo están vedados. La máxima diversión son nuestros rostros embozados, como de prófugos de una clínica del ISSSTE, que con ingenio se decoran a la manera de una forma de resistencia a las proclamas del melodrama ranchero.

Ya nadie quiere venir al DF, ni siquiera huelguistas, marchistas, paristas ni profesionales de la protesta que aquí han hecho su nido.

Un hombre sin cubrebocas es como un estudiante en el 68, un encuerado de los 400 pueblos con ropa, un naco en Santa Fe o una niña bien en Tepito.

Acostumbrados a vivir las tragedias con la intensidad del futbol, me pregunto dónde están las imágenes de los muertos por influenza, la obligada entrevista con sus familiares y amigos, las indagatorias sobre el pasado, presente y futuro de las víctimas, con nombres, pelos y señales a los que estamos acostumbrados.

Estamos condenados a la magia de la repetición desinformativa, al imperio de la rumorología sin atributos y al rostro sardónico-administrativo del secretario de Salú.

Yo por eso guío mis experiencias trágicas por las palabras del maese Becket: Cuando tienes la mierda hasta el cogote, lo único que queda es ponerte a cantar.

jairo.calixto@milenio.com