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Mario Gálvez Narro

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  • 2009-04-28•Al Frente

La mejor alternativa contra las versiones sin verificar es la información exhaustiva, oportuna y hasta la saciedad por parte de las autoridades sanitarias y médicas.

Atravesamos como sociedad por uno de los momentos más oscuros e inciertos de la historia moderna del país.

Parece que México hubiese sido víctima de grandes maldiciones:

la crisis económica, la criminalidad, la impunidad y -por si algo nos faltara- la la epidemia de influenza, moderna peste del siglo XXI, que ha matado hasta ahora a más de 120 personas en México pero que ha creado una auténtica picosis entre la población, y que se cierne como una oscura y siniestra sombra sobre cada uno de nosotros.

¿Qué podemos hacer? Bien poco.

Seguir los consejos y recomendaciones de las autoridades sanitarias, en primer término; mantenerse informado por todos los medios al alcance de cada uno -periódicos, radio, TV, internet, amigos-; extremar las precauciones y las medidas higiénicas y no salir de casa si no es estrictamente indispensable.

Aun cuando entre las recomendaciones contra la influenza está el utilizar cubrebocas, lo cierto es que no hay un sólo cubrebocas en todas las farmacias de La Laguna; vaya, ni en las tlapalerías, que pudiera ser otro lugar de venta, pues en uno o dos días hubo compras de pánico y desaparecieron los pocos o muchos cubrebocas que había en el mercado.

Lo grave del caso es que las autoridades sanitarias y médicas no han dado alternativas a la población ante la falta de este producto.

Más temprano que tarde terminó el aislamiento que tenía nuestra región en relación a la epidemia, pues ayer algunos medios informaban que ya se habían presentado al menos dos presuntos casos de influenza en Torreón, aunque estaba por confirmarse si se trataba o no se trataba de influenza.

Cabe destacar la prontitud con la que las autoridades de Coahuila han reaccionado hasta ahora a la epidemia, pues fueron de las primeras en decretar la suspensión de clases por dos días y luego hasta el próximo 6 de mayo en todos los niveles educativos en la entidad.

Las de Durango han reaccionado con alguna tardanza, aunque finalmente se encuentran en la misma sintonía que las de Coahuila ya que, a final de cuentas, hay una unidad de propósitos y objetivos en esta coyuntura tan delicada.

No obstante, en las circunstancias actuales la información confiable y de fuentes autorizadas es un asunto fundamental, pues no hay duda que están dadas las condiciones para que se propagen toda clase de rumores, chismes y de versiones no confirmadas, que por sí mismas pueden provocar un enorme daño en la sociedad pues están basadas en una actitud que los mexicanos hemos cultivado con ahinco durante décadas, esto es, en descreer por sistema en cualquier tipo de información oficial.

El difundir informaciones sin verificar puede provocar en esta coyuntura un enorme desánimo social ya que, incluso, eventualmente puede contribuir a propalar la epidemia.

Entre nosotros es casi un deporte el poner en tela de duda, de manera sistemática, cualquier tipo de información oficial; sin embargo, en el momento presente esa actitud sólo puede contribuir a desanimar a la población y a imbuirle todavía más incertidumbre y temor.

Pero el mejor antídoto contra las informaciones irresponsables y alarmistas es la información acreditada por fuentes confiables y conocidas. Tan irresponsable ha sido el manejo de la información por parte de algunos medios, incluso internacionales, que el gobierno de EU hubo de desmentir ayer que hubiese tenido sospechas de que el gobierno mexicano había estado ocultando información sobre la epidemia, días antes de que el presidente Obama visitara nuestro país.

La mejor alternativa contra las versiones sin verificar es la información exhaustiva, oportuna y hasta la saciedad por parte de las autoridades sanitarias y médicas.

Todas las versiones y todos los rumores, por absurdos o ridículos que pudieran parecer, debieran ser abordados y desarticulados por las autoridades responsables.

No se deben dejar pasar los rumores ni las informaciones alarmistas, por descabelladas que éstas pudieran antojarse, pues no se debe olvidar que están dadas las condiciones para que la gente crea casi cualquier cosa que se le diga, si comienza a perder la confianza y la credibilidad en las autoridades sanitarias y del sector salud.

Por fortuna esto todavía no ha ocurrido, pero para atajarlo se debe ser exhaustivo e insistente en la información verificable y confiable.

De lo contrario se estará dando luz verde al rumor, al chisme y al desánimo social en una coyuntura de excepcional gravedad como la presente.

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