El país más peligroso del mundo
Día con día
Héctor Aguilar Camín
Gobierno y medios hemos logrado convertir a México en el país más peligroso del mundo. Al menos por unos días.
El 14 de abril pasado la oficina de Washington de The Economist subió a sus blogs una nota diciendo que la “violencia alimentada por el tráfico masivo de drogas está ahuyentando a los viajeros que quieren invertir” en México. (http://www.economist.com/blogs)
Su fuente es una empresa consultora llamada Control Risk (Control de Riesgos) que en las últimas semanas puso a México en el primer lugar de países peligrosos, por encima de Pakistán.
Siguieron en el blog comentarios incrédulos sobre el ranking, entre ellos uno de un lector llamado Cerrillos quien recordó lo obvio: “México es un país enorme y heterogéneo donde hay muchísimas regiones seguras. Los 22.6 millones de turistas que visitaron México en 2008 no pueden estar equivocados. ¿Cuántos turistas recibió Pakistán el año pasado?”.
La peligrosidad de Pakistán mereció también una aclaración de peso, mediante el siguiente testimonio de un reciente viajero inglés, periodista conocedor de la zona:
“El país que yo vi durante un largo viaje de Lahore a Karachi, a través de las áreas rurales de Sindh, está muy lejos de ser un Estado fallido. Nada remotamente parecido, tampoco, a la idea del país más peligroso del mundo. Por el contrario, lo que ve en todas partes quien viaja hoy por Pakistán son los efectos de un auge económico reciente”.
El responsable de Controlt Risk, Patrick Sherwen, se sintió en la obligación de explicar que su ranking no expresaba la mayor peligrosidad real de los países sino el número de veces que distintas empresas clientes de Control Risk, unas 600 compañías, preguntaban por las condiciones de seguridad en un país.
Durante el último mes, entre otras cosas por la visita de Obama, México había sido el país por el que las empresas preguntaron más. De hecho, añadió Sherwen, en el mapa de países de riesgo de Control Risk, México estaba muy lejos de Pakistán y Nigeria en materia de inseguridad.
Por esos mismos días, a propósito de la visita de Obama, el diario El País presentó un México obsesivamente vigilado, y admitió en sus páginas el cuento de un país brutalizado, pródigo en decapitaciones y periodistas perseguidos.
No faltan decapitados y hay periodistas amenazados por el narco, pero generalizar esa situación para describir lo que pasa en México equivale a pasarse unas noches en la sala de emergencia de la Cruz Roja y salir a contar la historia de una ciudad de atropellados y peatones perseguidos por los coches.


