Votar, no votar... esa es la cuestión
Invitado
Alberto Pérez Martínez
No votar como acto de protesta suena atractivo. Pero la política es más bien un acto de inteligencia y güevos que de hígado. Es cierto que la política apesta; que en 20 años los dirigentes de todos los partidos fueron cooptados con bazucasos incluidos en el presupuesto y que la oposición perdió rumbo. Ya ningún partido representa un proyecto de país y la ideología, en el sano sentido de la palabra, se desdibujo en toda la extensión de la palabra. El caso es que todos estamos cansados de este sistema político y queremos cambiarlo. Cierto. Ciertísimo. Pero ¿Abstenerse o anular el voto nos permiten avanzar hacia el objetivo?
Como estrategia política no llega ni al intento de embarrarles la camisa con la sangre de la partida de madre que nos están dando (perdón, pero el ejemplo de cajón es muy escatológico). Más allá del desahogo, el no voto deja intacta la estructura y la operación del sistema político, que como buen sistema tercermundista, no le avergüenza la ilegitimad de unas elecciones poco concurridas, ni le impide seguir funcionando impunemente por otro rato. En ese caso podríamos también sacarles la lengua; tendría el mismo efecto.
Impactar significa alterar con una intención la correlación de fuerzas existente. En este caso, se busca que este limitado sistema representativo que tenemos, se profundice para que la forma de gobernar esté más vinculada a la “sociedad de los ciudadanos”. Democracia, por definición significa participación en la conducción, en este caso, del gobierno y no puede hacerse indirectamente ausentándose de las decisiones. Me hubiera gustado ver a los que ahora promueven la anulación del voto exigiendo espacios de participación a los partidos, blandiendo propuestas inteligentes, enarbolando sus cuestionamientos al sistema político. A lo mejor los grandotes no les abren espacio, pero la crítica al sistema político es un tema tan sensible que con facilidad hubieran podido imponer la agenda mediática y obligar a que todos definan su forma de hacer política en los términos que ellos, los inconformes, lo plantean.
Claro, que también estaba la posibilidad de que algún partido chiquito les hubiera abierto la puerta y les diera espacio para predicar con el ejemplo lo que pregonan. Eso hubiera estado muy bien. Con seguridad hubieran ganado muchas simpatías y hubieran fortalecido la legitimidad de la democracia que tanta falta nos hace.
Pero como eso ya no se hizo, me preocupa que acaben jugando el papel de comparsas de alguno de los partidos grandotes. Nada más válido para mermar el voto blando de un potencial ganador que el desánimo o el convencimiento que anularlo tiene sentido. Ese es el resultado práctico de una acción como la que se propone, permitir que las fuerzas del estatus quo se fortalezcan en una coyuntura electoral. Y si eso fuera cierto, no habría fin más patético para una fuerza que se imagina revolucionaria.
Yo no creo en los complots, ni creo que el grupo promotor tenga dichas intenciones, pero quizá eso es lo más trágico: que la jugada termine en autogol; que acaben arrimándole la liebre al lobo que querían quitársela.
Si se quiere incidir en la política, ésta es una de las ocasiones en que uno debe abstraerse de las particularidades de la elección. Más allá de quienes son los candidatos, sobre todo si nuestra cabeza o nuestro corazón no está con ninguno, la pregunta que debemos hacernos es una especie de referéndum sobre la conducción actual de la entidad. ¿Queremos que haya un cambio o queremos continuidad? Si queremos lo primero hay que votar PRI, si queremos lo segundo, por el PAN y si queremos que surja una nueva fuerza política ¿Cuál de todas las voces nuevas nos parece? En el municipio está Miguel Galán. Probablemente no tenga la capacidad de armar un ejecutivo del tamaño del reto, pero sería un extraordinario regidor; un dolor de cabeza para el Status Quo institucional, cardenal incluido, y le daría color al cabildo. Es una buena causa en esta coyuntura anodina, por lo menos mientras los inconformes de la política nos decidimos a participar activamente en ella. Carajo.


