Guía anticruz
Six pack para defenderse de la cruda
Desde tiempos inmemoriales, el cantinero, además de burócrata del alcohol, ha sido doctora corazón, terapeuta, doctor psiquiatra, pero sobre todo: “curandero” vip. Si bien es cierto que con el paso del tiempo cada borracho ha diseñado su manera personal de “aliviarse”, el éxito de un buen “cure” depende de la mano chaquetera del médico brujo que atiende la taberna, cantina, antro o tugurio que uno frecuenta.
La cruda es un estado remilgoso del alma que no puede tratarse en cualquier sitio. Menos en Torreón, donde el medio día del sábado se ha convertido en el horario estelar para ejercer el santo oficio del beber. A la ciudad le han robado la noche. Debido a los enfrentamientos entre rebeldes y storm troopers protagonizados por el narco y los cuerpos policiacos, con la monserga de operativos, ejecuciones, levantones y decapitaciones que provocan estas edificantes revueltas, la banda no sale a desvelarse. Se empeda los viernes en su casa. Es entonces cuando el sábado de día adquiere el rango de blindaje para la libación.
A pistear que en la noche el mundo se va a acabar.
1. Time out
Cuando ando crudo me siento como “La barca” en voz de Antonio Aguilar: llevo una cruz de olvido. Y en esa cruz me siento morir de hastío y de otros males. Para esos momentos insoportables, prefiero el Time (Colón y Constitución). Las razones son simples. Primera, los vasos cerveceros. Detesto los congales donde te sirven la cerveza en un vaso jaibolero. Si se prefiere “alivianarse” con una michelada, el recipiente debe contener todo el contenido de la botella, más los ingredientes, el hielo y aún quedar espacio suficiente para no hacer malabares al llevárselo a la boca. Segundo, las reponedoras enchiladas que sirven como botana. Un platillo así desarma. Ni a mi mamá le quedan tan chingonas. Después de cuatro “michelines” y un dobleteo de enchiladas, el mundo se vuelve tolerable. Dejan entrar mujeres. Horario: de 12 pm a 2 am.
2. Mariscos Bichi
Odio la cruda. Entre otras cosas porque me produce antojos inenarrables. Por ejemplo, me pega por empinarme un Hit o un Pep, refrescos que consumía en mi infancia. Pero para satisfacer mis necesidades terrenales está Bichi (Francisco I. Madero esquina con Juárez). Es uno de los únicos marisqueros que vende cocteles de caracol y ancas de rana en Torreón, exquisiteces para navegar una resaca. Pero el infalible remedio es un plato de cayo de hacha preparado con abundante habanero y unas tres o cuatro yardas micheladas. Después de semejante “atendida”, se antoja un sueño… El local, atendido por el mismo Bichi y su hijo, es pequeño, pero la sazón es insuperable. Un lugar de culto. Para conocedores de la comida del mar. Ambiente familiar. Horario: de 12 pm a 7 pm.
3. El Perches
Una cantina a la old school. En funcionamiento desde 1932, El perches (Leona Vicario esquina con Hidalgo) es una tradición. La receta secreta para un “cure” son varias micheladas de chocolate. Se le llama bola de chocolate a la cerveza oscura de barril servida en una copa marisquera también conocida como chabela. La barra es atendida por el Zurdito. Y en las mesas podemos encontrar a don Isauro, mesero viejo. Para acompañar las cervezas, nada como media o una entera de carnes frías para picar. Un platón de jamón, mortadela y queso blanco con cebolla, tomate y jalapeño con sus respectivas galletas saladas. Además están los cacahuates con ajo para “un entre”. Después de varios viajes de michelá, qué cruda ni qué la mamá de Marianne Faithful. La cereza del pastel es la música. La cantina cuenta con un piano, todos los días, alrededor de las siete de la tarde, un pianista interpreta una hora de boleros y jazz, no se pierdan su versión de “Take five”, de Dave Brubeck. Hay privado para mujeres. Horario: de 12 pm a 2 am.
4. El Reforma
Cantina antediluviana. Abierto al público libador desde 1908, El Reforma (Valdez Carrilo esquina con Matamoros) cumple 101 años. Su mayor ventaja es que se encuentra frente a Birria Beto. No tienes que abandonar tu lugar para disfrutar de un plato de birria. El mesero te la sirve a domicilio. No hay que olvidar la buena medida que tiene el cantinero para las micheladas. Con esa mano, seguro en sus ratos libres se dedica a aplicar inyecciones en su barrio. Para quien no le gusta la birria, unos frijoles charros con chicharrón y la carnita asada, botana que se obsequia los sábados. Hay privado para mujeres. Horario: de 12 pm a 2 am.
5. El Costeñito
Lejos de mí recomendar un restaurante de cadena, pero las propiedades de El Costeñito (en Plaza Intermall. Vasconselos N. 1955) son generosas. La ventaja del lugar es lo barata que está la cheve. Una tina con diez Negra Modelo sale en 150 pesos. En cualquier otro tugurio cada una cuesta de 22 a 32 chuchos. Una tina y unos tacos de camarón capeado y otros de pulpo a las brasas te componen porque te componen. Lo chido de que la bironga esté tan módica, es que te la puedes seguir. Pides otra tina y ya no es “cura”, es tornapeda. Y antes de que empiecen afuera Las guerras de las narcogalaxias te vas a tu casa sin haber gastado ni 500 pesos en tan rica cura y comilona. Pura sabrosura. Ambiente familiar. Horario: de 12 pm a 2 am.
6. El paraíso
Las cantinas se llevan en el alma. El paraíso (Bravo y Ocho) es la cantina de mis amores. Los sábados sirven de botana una birria de antología. La leyenda urbana cuenta que en una ocasión que venía en una carpa, Pedro Infante se sentó en una silla a beberse un vaso de leche. No dejan entrar mujeres. Horario: de 12 pm a 12 am.
Y pues como decía el príncipe de las tinieblas, qué culpa tengo yo porque me gusta el vino. Borracho yo he nacido. No hay nada peor que aguantarse una cruda. Lo mejor es “arreglarse” para aguantar este mundo ingrato al que a pecar venimos.


