‘Marido por accidente’: más bien una ‘catástrofe’…
Acceso total
Andrés Bermea
Marido por accidente (The accidental husband) es una película tan mala que al parecer ni siquiera mereció ser estrenada en los Estados Unidos. Después de buscar por varias vías no encontré evidencias de fechas o de ingresos que me permitieran tener una referencia de su exhibición en el país del norte. Antes de preparar mi reseña consulté en el sitio de internet Rotten Tomatoes y que me parece bastante interesante, pues más que la opinión de un solo crítico, es una compilación de las reseñas de los más importantes y de la que se obtiene un promedio de sus opiniones y que otorga una calificación a cada cinta que va de 0 a 100, y ésta tiene 0, ¡sí! 0.
Es una película que pretende ser una comedia romántica, pero a los pocos minutos de la proyección cualquiera fácilmente puede predecir el final y casi diría que sin margen de error. Finalmente esto no importaría si el desarrollo, el proceso fuera valioso, interesante o divertido, pero eso aquí nomás no sucede.
El gran problema con Marido por accidente es que es totalmente falsa y artificial; vaya, no es ni siquiera de fórmula, es una mala falsificación de la fórmula de la comedia romántica. Es el equivalente a las novelitas rosas que venden los supermercados o de aquellas que hacía Corín Tellado (no si se sigan escribiendo o reeditando) o de los conos de ‘nieve’ que venden algunos restaurantes de hamburguesas y que pueden saber dulce o agradable, pero de nieve no tienen nada. Sé que muchas mujeres me van a odiar por el comentario pues de vez en cuando, insisto, me tocó escuchar alguna risita femenina y yo también admito que reí un par de veces, y sé también que es de esas películas melosas que encantan a las románticas, pero como cine, lo que se dice cine, no aporta ni ofrece nada.
La sinopsis de la película se reduce a que una comentarista, la doctora Emma Lloyd (Uma Thurman), de un programa de radio sobre temas del corazón en la ciudad de Nueva York, al aconsejar a una de sus radioescuchas la pone en situación de cancelar su próxima boda, pero justo en ese preciso instante -¡Ajá!- su novio (Jeffrey Dean Morgan), un elemento del cuerpo de bomberos neoyorquino y compañeros de juego, escuchan también la emisión -¡Ajá!- así que ‘en vivo’ y ‘al aire’ se entera de que seguirá soltero. Él como una venganza y apoyado en un vecinito hacker, de esos que son supuestamente capaces de meterse a cualquier computadora y alterar sus contenidos, se meten a algo así como el registro civil y alteran el acta de la comentarista -¡Ajá!-, quien también está a punto de casarse y le cambian el estado civil a ‘casada’, así que no podría ahora contraer nupcias nuevamente. Así de absurda, improbable y tonta es la premisa con que arranca esta película. Insisto, el gran problema con los gringos es que son capaces de tragarse cualquier cosa, mientras sepa rico o esté bien fría, y al parecer lo mismo sucede con la mayoría de su cine, está dirigido a gente a quien le molesta pensar, que cree que desconectar el cerebro y el espíritu crítico durante una función de cine es equivalente a divertirse.
Uma Thurman es una actriz oficiosa y puede salir al menos medianamente librada en cualquier papel. Colin Firth nuevamente está en un penoso rol apenas de comparsa para cubrir el puesto y Jeffrey Dean Morgan se la pasa haciéndole al George Clooney toda la cinta. Un gasto por el lado que se vea.


