LATItudes
Athletic y los peligros de la identidad
2009-03-22•:masaficion
Una especie en peligro de extinción, un ejemplar completamente desfasado de su época, el Athletic de Bilbao se ha metido a la final de la Copa del Rey aferrado a su ideología, a sus tradiciones, a su filosofía, pero amenazado también por algunas posibilidades excesivas.
Es la reivindicación de una cultura a través del balón, con los extremos que eso puede llegar a implicar: por un lado, la visión más romántica de este deporte con una institución orientada a alinear a puros vascos y a no mercantilizarse; por otro, la politización del futbol y la integración de los propios jugadores en actos nacionalistas.
Como quiera que sea, en días en los que muchos equipos alinean a once extranjeros y en los que la identidad futbolera ha dejado de existir, es innegable el mérito que supone el cuadro bilbaíno.
En un futbol cuya única guía son los títulos y el dinero, resultan relevantes los valores del Athletic.
Por las autopistas vascas
Es noviembre del 2002 y la primera asignación que hemos recibido, recién instalados en la corresponsalía deportiva en Madrid, es seguir a Javier Aguirre dirigiendo al Osasuna en contra del Athletic de Bilbao.
Llegamos a Pamplona un jueves en la tarde y directo del aeropuerto nos desplazamos a la casa del delantero Carlos Ochoa, quien espera ansioso la oportunidad de brillar en el torneo español.
Nos recibe un muchacho con demasiadas ganas, pero pocas opciones, quien un mes más tarde será dado de baja del Osasuna y volverá a México.
Al otro día seguimos el entrenamiento del equipo y tomamos la carretera con destino a Bilbao, luego de atravesar una serie de montañas.
Ya en esa ciudad, la primera parada es un restaurante que sirve los tradicionales “pintxos” (panes sobre los que se coloca un pedazo de guiso, típicos de la cocina vasca) y la segunda es una librería.
Con una inocencia que raya en la estupidez, preguntamos al dependiente en voz alta, sin temor a ser escuchados por la gente que está en la tienda, si tiene libros que expliquen el nacionalismo vasco y la historia de la banda separatista ETA.
De momento nos analiza, nos observa de arriba abajo, ve la cámara de televisión que llevamos pero no usamos y nos pide que esperemos.
En cuanto la tienda está vacía, indaga las razones de nuestro interés por ese asunto, si sentimos afinidad por ETA, si en México escuchamos comentarios respecto al tema, y rompe con un “queréis saber qué opino, pues que me han roto el vidrio de la tienda porque vieron exhibido un libro sobre la monarquía española”.
A partir de ese momento, nuestra mente entra en paranoia. Alguien nos dice por lo bajo que estudia euskera (el idioma vascuence) aunque sabe que una parte de su colegiatura va a ETA. Otro conocido nos explica que hasta un familiar puede denunciarte por ser contrario al separatismo vasco. Nos comentarán que hay deportistas que pagan fondos a la organización. Alguien más profundizará en lo que representa el Athletic para este movimiento autonomista: qué difícil entender.
La catedral de los leones
Durante el cotejo que brillantemente gana el Osasuna de Aguirre (luego explicará que le duele un poco derrotar al equipo amado por su familia) veremos con asombro a ancianas analizando y discutiendo sobre cuestiones tácticas.
Sí, las gradas están llenas de banderas vascas (se les conoce como Ikurriñas); sí, abundan las consignas políticas (en pancartas se habla de apoyo a proyectos de soberanía como el “Plan Ibarretxe”); sí, es arriesgado catalogar al Osasuna como vasco (en Navarra se habla el euskera, pero a la caída de Franco la población local votó por mantenerse como región autonómica diferenciada del País Vasco). Todo ello nos desvía del partido de futbol, pero debemos admitir que esta cancha vibra al ritmo de la pelota y, sobre todo, que es muy entendida respecto a nociones futboleras.
Les apodan “Los leones de San Mamés” debido a que Mamés fue un niño mártir arrojado a los leones por los romanos. Según la leyenda, los leones no lo devoraron porque el pequeño había sanado a un cachorro y así se lo agradecieron.
Como el asilo vecino al estadio se llamaba precisamente “San Mamés”, tanto el campo como el plantel recibieron esos sobrenombres.
La filosofía bilbaína
Lo que hace diferente a este equipo de todos, es que alinea a puros futbolistas de origen vasco o zonas de alguna manera afines (por ejemplo, Ismael Urzaiz es navarro y Santi Esquerro es de La Rioja).
Su espectro de selección de futbolistas resulta, por tanto, mucho más limitado. Mientras todos los clubes fichan jugadores en Sudamérica, África y cada rincón de Europa, el Athletic se enfoca en elementos criados en el vasquismo.
En el origen, el Athletic Club sí recurría a integrantes ingleses (fueron los obreros británicos quienes hicieron de esta ciudad una de las cunas del balompié ibérico). La condición era, como con el resto de los cuadros del naciente futbol español, que hubieran residido medio año en la ciudad para la que actuaban.
Después de una serie de escándalos por alineaciones indebidas, el Athletic decidió cerrarse a hombres nacidos en su cantera o en su región.
Así como el club Guadalajara tuvo fundadores europeos y hoy es sólo mexicano y el Piacenza se apegó muchos años a puros italianos, el Athletic reivindicó permanentemente esos valores.
Pero no es sólo el alinear a puros vascos o cuasi-vascos, sino también su saber sobrevivir siempre en Primera División siendo propiedad de los socios y no de una empresa o un magnate.
Este año supuso un escándalo para muchos el que por primera vez el Athletic portara una publicidad en su uniforme (lo cual se traduce en unos 2.5 millones de dólares por año). Además, como las Chivas de Vergara, solían hacer sus propios uniformes (marca “100% Athletic”), pero a partir de la próxima campaña los vestirá una marca inglesa.
La inevitable política
Lo anterior permite entender la trascendencia que tiene este equipo para la población bilbaína, así como el hecho de que en cada cotejo del Athletic la ciudad se tapice de banderas vascas y que haya sospecha de partidos arreglados cuando el rival es un club vasco que se juega la permanencia.
Esta romántica especie del futbol se hace más compleja con la politización.
Bixente Lizarazu, mundialista con Francia que jugó en el Athletic por ser vasco-francés, escribió en sus memorias que no sabía “si hacía deporte o servía a una causa política”. La opinión pública supo que ETA le exigió dinero y que el defensor se negó a pagar.
El año pasado el estadio San Mamés guardó por primera vez un minuto de silencio en rechazo a un asesinato cometido por ETA, pero el estruendo en las tribunas hizo que el minuto se cortara a los ocho segundos.
En diciembre se dio un nuevo episodio político en esta historia con la declaración de 165 futbolistas que se negaban a jugar el tradicional partido anual de la selección vasca si no se le cambiaba el nombre a Euskal Herría (ese término alude no sólo a las tres provincias vascas actuales, sino también a Navarra y a otros tres territorios en Francia).
Ademas, en manifestaciones recientes que claman por separatismo intervinieron deportistas tanto del Athletic como de sus vecinos Real Sociedad y Alavés.
La furia es vasca
Aunque el futbol está cargado de conceptos políticos, religiosos, étnicos y sociales en todas partes del mundo, en la región vasca, queda claro, es mucho más complicado.
Por un lado están los hechos que hacen del Athletic algo único, ejemplar, romántico, emotivo (es, junto con Madrid y Barcelona uno de los tres equipos que siempre han estado en primera); por otro, los riesgos que una entidad tan singular supone.
Hoy, con el Osasuna en puestos de descenso, con la Real Sociedad lejos de posiciones de subir en segunda, y con Eibar y Alavés en riesgo de bajar a tercera división, más recae sobre el Athletic la responsabilidad de reivindicar al balompié vasco y más trascendencia tiene su calificación a la final de Copa.
Nacionalismos y regionalismos al margen, fueron los impetuosos jugadores vascos los que forjaron la leyenda de “Furia” para la selección española. El corpulento mediocampista bilbaíno Belauste pidió el balón en los Olímpicos de Amberes 1920 diciendo “La pelota a mí Sabino, que los arrollo” y no solamente arrolló defensas y anotó, sino que parió el adjetivo de “La Furia Roja”.
Viviendo en otras latitudes
Durante el año de corresponsalía en Madrid, nos hicimos asiduos a las sidrerías vascas.
Estos sitios sirven cantidades ilimitadas de sidra a cada comensal y comida exquisita como bacalao, chistorra o carne a las brasas, además de los famosos “pintxos”.
Aprendiendo en otras latitudes
Todo el carácter y la cultura del pueblo vasco, es motivo por demás interesante.
El euskera o vascuence es el único idioma aislado de Europa, es decir, el único sin relación con los demás y cuyo origen se remonta a épocas anteriores de los actuales idiomas indoeuropeos.
Además de su pasión por el futbol, los vascos adoran la pelota vasca y deportes rurales consistentes en actividades como cargar rocas o cortar troncos.
Viajando a otras latitudes
Las carreteras del País Vasco y Navarra son, aunque por tramos montañosas, muy buenas. El problema se da cuando las utilizamos en invierno.
En particular recordamos una vez que debimos desplazarnos de Pamplona a Madrid en un taxi, durante una nevada madrugada.
Sin lugar a dudas, es una de esas experiencias que no recomendamos a nadie.
Hablando en otras latitudes
De todas las lenguas que se hablan en la península ibérica, la única inaccesible es el euskera o vascuence. De pronto tiene palabras modernas derivadas del español, pero lo común es que no entendamos nada.
En una entrevista con el defensor del Osasuna César Cruchaga, se despidió de nosotros diciendo “agur”, que es “adiós”, y cierta vez que caminábamos con Javier Aguirre por Pamplona, alguien le gritó “zorionak”, lo cual nos tradujo el propio director técnico como “felicidades”.
Por cierto, comúnmente se escucha “¡Gora Euskadi!” que significa “¡Viva el País Vasco!”
El dato
El Athletic Club de Bilbao se ha metido a la final de la Copa del Rey pese a estar limitado a jugar con puros elementos vascos.
Este equipo implica reivindicaciones muy complejas y es fiel a toda una filosofía, además de que sigue perteneciendo a los propios aficionados.
El nacionalismo y la politización es el otro extremo al que ha llegado este club, incluso con jugadores que son activistas de la causa vasca.






