Novela sobre el dictador, pero desde otro enfoque

La historia de Santo Domingo es la historia de Estados Unidos

El autor dominicano que escribe en inglés Junot Díaz obtuvo el premio Pulitzer 2008 por La maravillosa vida breve de Óscar Wao, que narra la saga de una familia y que también puede leerse como la historia privada de una nación (la obra acaba de aparecer en México editada por Mondadori). En la siguiente conversación habla de ella y de su estancia en nuestro país.
  • 2009-03-22•Qrr

Foto: Especial

Las mejores novelas latinoamericanas se están escribiendo en inglés. Si le parece excesivo, piense usted en El esposo divino del guatemalteco Francisco Goldman, en los cuentos del peruano Daniel Alarcón y en el dominicano Junot Díaz, todos viven en Estados Unidos y escriben en inglés. Goldman y Díaz coincidieron a finales de la década de los 90 en nuestro país y rentaron juntos un departamento en la ciudad “pasamos muchas noches metiéndonos en líos en el maloso Distrito Federal. En el día escribía y escribía y odiaba cada minuto que pasaba; y en las noches bailaba, bebía y era feliz. Era como vivir dos vidas en una”.

Díaz ganó el premio Pulitzer 2008 y el National Books Critics Circle Award 2008, por su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao. ¿Qué es lo que está cambiando?, ¿cómo es que los críticos del Times y New York Magazine consideraron esta opera prima escrita por un latinoamericano como la mejor novela de 2007? “Es un misterio”, asegura Junot, “nadie puede decir por qué la gente lee una novela y no otra. Pero te puedo decir que Estados Unidos está cambiando mucho y ahora las figuras latinas tienen un gran peso. Incluso algunos estadunidenses reconocen que el futuro será un futuro latino. Hay un gran interés y comienzan a darse cuenta de que la historia de algunos países latinoamericanos es parte de la historia de Estados Unidos. Y ya es imposible pensar en historias separadas”.

Junot Díaz (Santo Domingo 1968) publicó su primer libro de relatos, Drown, en 1996, y fue recibido con un entusiasmo generalizado. El joven escritor recibió el elogio, más bien pop the next big thing de la escena literaria. Sin embargo, a Díaz le llevó más de una década publicar su siguiente libro y mientras transcurría ese tiempo, los maledicientes creyeron que the next big thing era en realidad un fiasco. “Pero yo escribo lento. Mi arte es muy rebelde, no obedece nada, cada vez que yo hago un plan como que ese año voy a escribir tal y tal cosa, la escritura me resiste, y no quiere cooperar. No lo entiendo, pero es así”. Su siguiente libro fue La maravillosa vida breve de Óscar Wao.

En parte, tal vez esta lentitud se deba a que Óscar Wao es un complejo entramado de historias en el que Díaz recrea el lenguaje de los dominicanos que viven en Estados Unidos para exponer y ahondar en la experiencia de los inmigrantes y sus dinámicas familiares. “Yo empecé esta novela en el DF. A mí me dieron una beca en 1999 y decidí ir a México. Quería conocer a los artistas, quería conocer esa historia tan impresionante que tiene el DF. Durante un año viví en un ambiente cultural, rodeado de escritores y artistas. Y de esa vida cultural que es tan intensa, de ese ambiente y esos muchachos tan locos e interesantes, nació la semilla para mi novela. Las primeras 50 páginas las escribí allí mismo. Y luego me tardé casi siete años en completar esta mierda”.

La maravillosa vida breve de Óscar Wao narra la historia de la familia Cabral que emigra del Santo Domingo gobernado por Leónidas Trujillo a un gueto latino de Nueva Jersey. Cada uno de los miembros de la familia, desde el abuelo Abelard, quien estudia medicina en el México de los años 40, pasando por Belicia y Lola, madre e hija respectivamente, hasta el más pequeño, el obeso Óscar quien sueña con ser el Tolkien dominicano, intentan romper con una maldición que los encadena a su propio pasado y a repetir de generación en generación los traumas provocados por la dictadura. La novela es la saga de una familia que se lee como la historia privada de una nación.

“La parte maldita es el trauma que la dictadura provocó. La gente siempre intenta escapar de ese trauma, pero es imposible, porque te sigue y te sigue. Uno tiene que enfrentar el dolor y a los heridos; y sin importar cuántas ganas tengas de escapar, eso no va a funcionar. Otro de los problemas de ese trauma es que entre los miembros de la familia silencian los hechos. Si la familia no se cuenta esas cosas, es natural que no puedan elaborar una historia que los ayude a sanar. Imagínate, lo único que tiene una familia como la de mi novela son secretos y silencios. Y eso no ayuda a nadie. Los jóvenes pueden no saber nada de lo que les ocurrió a sus abuelos, pero ese dolor llega a su vida y repiten los mismos fracasos y viven con la misma angustia. ¿Cómo puedes luchar contra una dictadura tan salvaje como lo fue la de Trujillo si la gente mantiene en secreto lo que le ocurrió?”

Mientras uno lee esta novela es imposible no pensar en Cien años de soledad: “Esa es una novela fundamental. Ser escritor latinoamericano significa que tu tienes que bregar con esa novela”. Asimismo, también viene a la memoria La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa: “Pensé que era una buena novela; pero en este tema, me dije, yo le puedo ganar, porque creo que esa dictadura no es como las otras de Sudamérica. Vargas Llosa usó mucho la realidad y la realidad te ayuda pero no lo explica todo. Y para explicar a alguien como Trujillo, el escritor está obligado a usar otras estrategias como el surrealismo y la ciencia ficción. ¡Ese tipo era un loco, coño! Es casi imposible definirlo de una manera realista. Hay aspectos del poder que ejerció Trujillo que si no lo enfrentas con otras estrategias se te van a escapar, y sólo la ficción los puede explicar”.

Sin duda, la historia del dictador latinoamericano se ha contado muchas veces, pero nunca como si se tratara de un fragmento de la historia de Estados Unidos. Tal vez esa sea la razón por la que la novela ha tenido tanta resonancia en aquel país: “Lo que yo digo en mi novela es que la historia de Santo Domingo es —¡escúchame lo que te digo!— es la historia de Estados Unidos. Este es un punto de vista que no se quiere entender. Cuando los dominicanos hablan de su historia no quieren saber nada de los gringos. Y cuando los estadunidenses leen su historia no quieren leer nada de Santo Domingo. Pero cuando miras con detenimiento la historia de los países latinoamericanos y luego la historia de Estados Unidos, te das cuenta que, para bien o para mal, es una historia complejamente interrelacionada”.

Daniel Rodríguez Barrón