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Pronóstico del LEAP/Europe 2020

Después de la crisis financiera, ¿la guerra civil?

Los violentos disturbios que por la carestía de la vida sacudieron durante un mes la isla francesa de Guadalupe, con repercusiones en el Elíseo, podrían ser los primeros de una serie de revueltas en distintas zonas del planeta que, según especialistas europeos, derivarán del escenario que viene: la dislocación geopolítica mundial.
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  • 2009-03-01•Fin de Semana online

Robert Allen Stanford, uno de los mayores defraudadores que sacó provecho de la desregulación en Estados Unidos.
Robert Allen Stanford, uno de los mayores defraudadores que sacó provecho de la desregulación en Estados Unidos. Foto: Lefteris Pitarakis/AP

La crisis económica y financiera ¿va a degenerar en violentas explosiones sociales? ¿En Europa, en Estados Unidos o en Japón, la guerra civil está a la vuelta de la esquina? Este es el pronóstico un poco alarmante que ponen sobre la mesa los expertos del LEAP/Europe 2020, un grupo de reflexión europea, en su último boletín de mediados de febrero.

En la edición, donde se plantea que en el cuarto trimestre de este año la crisis va a entrar en un fase de “dislocación geopolítica mundial”, los especialistas prevén un “sálvese quien pueda generalizado” en los países golpeados por la crisis.

Esta desbandada derivará en una lógica de enfrentamientos, es decir, en semiguerras civiles. “Si su país o región está en una zona donde circulan masivamente las armas de fuego (entre los grandes países esto sólo ocurre en Estados Unidos), indica el LEAP (The Global Europe Anticipation Bulletin), la mejor manera de hacer frente a la dislocación es abandonar su región, si esto es posible”.

Según esta asociación, formada por especialistas independientes salidos de los medios políticos y económicos, y por profesionales europeos de diferentes sectores, las zonas más peligrosas son aquellas donde el sistema de protección social es más débil.

La crisis también puede provocar violentas revueltas populares cuya intensidad se verá agravada por la libre circulación de armas de fuego. América Latina, pero también Estados Unidos, son las zonas de más riesgo. “Hay 200 millones de armas de fuego circulando en Estados Unidos, y la violencia social ya se ha manifestado a través de las bandas delincuenciales”, recuerda Franck Biancheri, al frente de la asociación. Los expertos del LEAP han detectado ya fugas de poblaciones de Estados Unidos hacia Europa, “donde la peligrosidad física directa sigue siendo marginal”, según ellos.

Hacer acopio de reservas

Más allá de los conflictos armados, el LEAP alerta sobre los riesgos de posible escasez de energía, alimentos y agua en las regiones dependientes del exterior y recomienda guardar reservas.

Esta perspectiva apocalíptica podría hacernos sonreír si el grupo de reflexión no hubiera, desde febrero de 2006, predicho con una exactitud pasmosa el desencadenamiento y encadenamiento de la actual crisis.

Hace tres años, el LEAP describió la llegada de una “crisis sistémica mundial”, iniciada por una infección financiera global ligada al sobreendeudamiento estadunidense, seguido del hundimiento bursátil, en particular en Asia y Estados Unidos (de -50% a -20% en un año), y luego el estallido del conjunto de las burbujas inmobiliarias mundiales en Reino Unido, España, Francia y en los países emergentes. Todo esto, añadieron, provocará una recesión en Europa y una “muy Grande Depresión” en la Unión Americana.

¿Se debe concluir que la crisis mundial puede transformarse en guerra mundial? “Los pronósticos del LEAP son extremos, pero la violencia social está despuntando”, admite Laurence Boone, economista del banco británico Barclays.

Queda una esperanza, una “última oportunidad”, según el LEAP, que residiría en la capacidad del Grupo de los 20 (G20), que se reunirá el 2 de abril en Londres, de acordar un plan de acción “convincente y audaz”.

¿Cómo regular la especulación?

Quienes tienen a su cargo la reglamentación de las finanzas especulativas en EU y Europa van a enfocarse muy probablemente en los fondos especulativos, y sobre todo en los actores financieros que practican operaciones similares a la de los bancos. Sin embargo, será más eficaz darle un marco a los prime brokers (intermediarios eficaces) que proporcionan los servicios y financiamientos que le son necesarios.

En la cumbre europea de Berlín, el 21-22 de febrero, el Reino Unido aprobó el principio de una “vigilancia adecuada” de los fondos especulativos y de todos los demás “gestores de fondos de mutuales” susceptibles de poner en peligro el sistema financiero.

Si bien los fondos especulativos no son particularmente responsables de la crisis financiera, no se puede decir lo mismo de otros tipos de factores. Los adeptos a los instrumentos derivados, Specialized Investment Vehicle (SIV), Collateralized Debt Obligation (CDO) y otros acrónimos de la misma índole, han permitido usar y abusar de los efectos de palanca en una época en que el crédito era abundante, para comprar activos que, desde entonces, se han revelado como peligrosos.

De estas prácticas se han derivado dos tipos de efectos perversos. Primero, los actores del sistema bancario paralelo han contribuido a la expansión de la burbuja y amplificado los daños cuando la misma estalló. Segundo, las enormes pérdidas que se han registrado han repercutido en el balance de los verdaderos bancos que financiaron sus inversiones.

Es legítimo querer instaurar un control, pero será una mala idea reglamentar arbitrajes, SIV, activos y otros CDO. Las autoridades de regulación ya fracasaron al intentar encuadrar a los bancos. Es ilusorio pensar que lo lograrán con quienes gestionan los fondos especulativos. Se podría proponer que se concentre la vigilancia en los actores más importantes.

Pero este método está destinado al fracaso. Las más importantes entidades no tendrían más que escindirse para escapar a la regulación.

Lo mejor sería concentrarse en la bóveda del sector bancario paralelo, a saber, el financiamiento de sus operaciones por parte de los verdaderos establecimientos bancarios.

Sería deseable que el regulador encuadre las transacciones entre bancos oficiales y bancos paralelos, definiendo los márgenes máximos autorizados sobre los préstamos que acuerden los prime brokers. Evidentemente, habría que establecer reglas diferenciadas en función del tipo de activo. Pero esta idea tiene el mérito de impulsar una evaluación de los riesgos específicos en cada familia de activos.

El regulador podría también dejar a los bancos la libertad de aceptar financiar grandes operaciones, a condición de que puedan de esta forma recaudar capitales frescos. Un mecanismo de esta naturaleza garantizaría que el sistema bancario esté suficientemente capitalizado.

Los detractores podrán argumentar que este método no es fácil de poner en práctica. Es cierto, pero siempre será más fácil controlar las artimañas de un puñado de prime brokers que las de una multitud de banqueros oficiosos.

© Le Monde
Traducción: Irene Selser

París/Claire Gatinois