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Obamafilia

De mono a Jesús en nueve días

En poco más de una semana, la figura de Obama ha pasado de la sátira racial a la alegoría mesiánica. Los extremos se ven incitados por una inteligente campaña que idealiza las capacidades tácticas del líder negro mediante un curioso ejercicio del contraste entre el héroe y la bestia.
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  • 2009-03-01•Qrr

Ilustración: Sean Delonas

En poco más de una semana, la figura de Obama ha pasado de la sátira racial a la alegoría mesiánica. Los extremos se ven incitados por una inteligente campaña que idealiza las capacidades tácticas del líder negro mediante un curioso ejercicio del contraste entre el héroe y la bestia.

El día que el presidente Barack Obama dirigió a la nación estadunidense su mensaje anticrisis, también se homenajeó al piloto de la aeronave que acuatizó en el río Hudson y salvó la vida de 155 personas. La ceremonia, llevada a cabo simultáneamente en sesión del Congreso, tuvo como fin reconocer al héroe y divulgar su propuesta anticrisis. Una doble operación pero la misma finalidad: articular una retórica sobre la heroicidad. Así, Obama pudo proyectar su ideal sobre el rescate y ser ovacionado por los congresistas, consolidando aquella ridícula imagen de encuesta que lo ponía más allá de Jesús en el ranking de héroes del credo gringo. Sí, según un sondeo, Obama ha podido colocarse en el imaginario social como el hombre elegido para salvar a EUA al contar con un respaldo de 85% de los ciudadanos. Lo interesante del caso es pensar en la función que tuvo una polémica imagen para alentar los vientos a favor del afroamericano y por ende de su plan frente a la recesión económica.

Unos días antes de que se levantara el sondeo apologético obamafílico, el New York Post había causado enorme polémica publicando una caricatura alusiva al trabajo anticrisis del presidente. Dicha lámina mostraba a un par de policías matando a tiros a un chimpancé. Al asestar tres disparos sobre el torso del animal, el verdugo del primate escuchaba de su compañero: “Tendrán que hallar a otro para que escriba el próximo proyecto de ley de estímulo”. El referente era obligado puesto que horas antes el presidente Obama decretaba dicha ley. A pesar de ello, el New York Post afirmaba en una especie de disculpa pública que: “A veces una caricatura es una caricatura, incluso si los oportunistas quieren convertirla en otra cosa”. El autor del dibujo Sean Delonas abatía los cuestionamientos argumentando que su intención era hacer mofa de la debilidad de la ley, no de la raza de Obama. Las referencias eran tomadas de un incidente del 16 de febrero en el que un chimpancé atacó a un par de mujeres en su casa hasta que un policía intervino asesinando al primate.

El cartón efectivamente detona un ánimo crítico y ante todo sarcástico del tema. Aunque evidentemente no en el sentido en que Delonas declara que lo es. El caso del chimpancé fue lo suficientemente polémico como para constituir un buen referente de ironía alrededor. Además, la violencia del acto llegó a tal grado que el uniformado tuvo que utilizar el último recurso: detonar su arma. Ensayemos que sea éste el recurso retórico importante del dibujo. Acá el humor, ciertamente “negro”, que puede causar la nota sobre el arranque intempestuoso del animal ante su ama es transferido al hecho del primatecidio como último recurso. No es la condición del rescate de la agresión del animal como tropo del rescate financiero; no es la burla sobre “ahora quien firma decretos”, sino la poética del asesinato desesperado para evitar un daño mayor. Por lo tanto, si hemos de pensar, como es casi un consenso, que tal imagen hace una referencia explícita al presidente es en el terreno de la legitimación de la violencia contra “quien escribe la ley de estímulos”.

Por otro lado, el uso de la peste racista al que se remite es célebre. Los presidentes, fundadores del Estado democrático moderno de América, se regodearon en sus observaciones sobre la inferioridad de la raza negra y su semejanza con los primates. Parece este un buen punto de quiebre que manifiesta el condicionamiento de la sociedad estadunidense frente al insulto y vituperación étnica. Sí, el chimpancé ridiculiza a “quien escribe la ley de estímulos” y se mofa de su estado salvaje. Pero además abre una vieja y profunda herida perpetrada por los grupos del poder político desde que esta nación vio la luz. Tanto Jefferson como Franklin y Lincoln fueron férreos defensores de la libertad, pero nunca cedieron medio centímetro contra los prejuicios raciales, muy al contrario condenaron a los negros a una subespecie humana que debía ser retirada de la futura sociedad. Si la raza negra debía convivir con los blancos, en el discurso más liberal de Lincoln, ésta debía estar supeditada al mando de los blancos, sin lugar a dudas. Stephen Jay Gould ha recopilado suficientes testimonios al respecto del racismo de los padres de la patria gringa y ha probado la adhesión de la política al biologicismo antropométrico. A decir de Gould, la criminología ilustrada y decimonónica fue lo suficientemente ingeniosa como para elaborar tablas de comparación entre cráneos de afroamericanos y primates avanzados, destacando rasgos fisiológicos que demostraban conductas viscerales involutivas. El criminal negro aparecía en las láminas de estos manuales de antropometría, como Types of Makind de 1856, en semejanza directa con el mono. Imágenes que circularon por todo el continente estigmatizando la calidad intelectual y moral de la raza negra.

En el cartón, la mezcla de discursos entre la violencia legítima del rescate y la negrofobia antropométrica tienen como objetivo pegarle a la popularidad de Obama. Pero lo más delicado es la síntesis visual en el asesinato desesperado y público. No es novedad el anuncio de ciertos grupos de extrema derecha que han vaticinado la muerte del presidente negro.

Ante esto, la Obamamanía se ha disparado al cielo. Tal parece que la reacción antirracista preparó el terreno para la aceptación y festejo del reciente mensaje de Obama. Una cosa fue plataforma de la otra. Lo que nos hace sospechar de la capacidad adaptativa de la campaña del presidente. Lo cierto es que sin la operación pro Obama que incitó el cartón de Delonas esta enorme acogida de las palabras anticrisis hubiera sido muy diferente. Hay que recordar que Obama había sido fuertemente criticado por el realismo y crudeza de su discurso ante la recesión pocas horas antes de su aparición en el Congreso. En cambio, ahora, hasta los Beatles se han quedado por debajo de la heroicidad afroamericana de Barack. Lo que son las imágenes, de mono a Jesús en nueve días.

Daniel Vargas Parra