Laguna, puente musical con Japón
2009-01-09•Cultura
Guitarrista de mentalidad abierta, Juan Carlos Laguna ha tenido una importante carrera como concertista, tanto en México como en el extranjero. Además de tocar con otros guitarristas se ha presentado con chelistas, flautistas y bandoneonistas, con orquestas de cuerdas, músicos de jazz y hasta con un mimo.
Con el mismo rigor aborda el repertorio tradicional de la guitarra que las obras contemporáneas, la música tradicional mexicana y otros géneros como el jazz. Hace cinco años grabó Afinidades (Urtext, 2003) con el guitarrista de jazz Chris Lobo, quien señala que Laguna “es un gran músico, con un concepto de la música de un espectro muy amplio. Te sientes muy cómodo y con mucha confianza al tocar con él; no sientes incertidumbre ni piensas en que vaya a tomar otro camino.”
Algo similar debe pensar el guitarrista japonés Norio Sato, con quien Laguna grabó Diálogos (Urtext Classics, 2008) y con quien ha colaborado en diversos festivales. El disco es un encuentro de dos sensibilidades guitarrísticas que se unen en la interpretación de las obras de los compositores japoneses Toru Takemitsu, Hifumi Shimoyana y Akemi Naito, y los mexicanos Manuel Enríquez y Hebert Vázquez.
Su relación con Japón tiene que ver con su admiración por la cultura de ese país y por el alto nivel que han alcanzado sus guitarristas. Además, en 1991 Laguna ganó el Concurso Internacional de Guitarra de Tokio y el Ministerio de Cultura de Japón le entregó un “Diploma al Mérito”. A partir del premio fue invitado a grabar el que sería su primer disco, precisamente con Norio Sato. “Desde entonces he regresado muchas veces a Japón. En octubre del año pasado di ocho conciertos y participé en una grabación y en la edición de una obra de Leonardo Coral, aunque el disco con Sato se grabó en México”.
Laguna conoció a Sato a través de unos amigos japoneses, primero de manera epistolar, y luego personalmente al participar en el concurso de 1991. “Fui allá sin guitarra y él me prestó una. ¡Con ella gané el concurso! Nos volvimos muy amigos y hemos hecho varios conciertos juntos en Cuba, Japón y México. Cuando vamos a tocar estudiamos por nuestra cuenta y nos juntamos unos días antes para montar las obras”.
Juan Carlos Laguna comenta que ha aprendido mucho sobre la estética de la música contemporánea japonesa. “Sato es mi maestro en este campo porque es amigo de muchos de los compositores japoneses y me ha acercado mucho a su obra. Tal ha sido el caso de Takemitsu, uno de mis compositores favoritos, de quien grabamos ‘A Boy Named Hiroshima’ y ‘Folios’”.
Si existen diferencias muy marcadas entre la música mexicana y la japonesa en el terreno de la música tradicional, en el caso de las obras contemporáneas es muy difícil establecerlas, asegura el guitarrista. “La música contemporánea ya no tiene fronteras: puedes escuchar la música de Alemania, Japón o México y tienen elementos muy parecidos”.
Sobre “Poemarios”, la obra de Manuel Enríquez en cuatro movimientos que incluyó en este disco, Lagunas dice que fue escrita originalmente para el dúo Castañón-Bañuelos, “un dúo emblemático desde la década de los setenta. Tuve una relación muy corta con el maestro Enríquez pero de mucho afecto y de trabajo profesional fructífero. Por eso decidí incluir esta obra. También me gusta mucho el estilo de Hebert Vázquez para componer para la guitarra, como se escucha en ‘Espacios transitorios’ y ‘Metamorfosis’. Se formó como guitarrista y aunque no se dedicó a la interpretación conoce muy bien el instrumento y escribe de una manera muy diáfana”.
Amor por la música mexicana
Como en ocasiones anteriores, en su viaje reciente a tierras japonesas Juan Carlos Laguna tocó obras de autores nacionales. “Siempre he llevado algo mexicano de compositores como Hebert Vázquez, Leonardo Coral, Manuel M. Ponce, Ernesto García de León y otros. Ellos quieren escuchar esas piezas y también la música tradicional para la guitarra, de autores como Albéniz, Tárrega y otros españoles”.
Devoto de la música popular mexicana, que no toca mucho por falta de tiempo, considera que los músicos deben conocer y tocar la música tradicional de su país. “Esa parte tiene que atenderse en la formación universitaria. En Cuba y Argentina lo hacen, no sé por qué no habrían de hacerlo aquí. Estudiar en el Conservatorio no te garantiza que te titules y puedas tocar ‘Las mañanitas’. Hay gente que no puede tocarlas, algo que en teoría es muy simple”.
Cuenta que durante un recital en Tokio tocó como encore un par de piezas, pero el público pidió más, así que salió a tocar “Cielito lindo”, dice riendo. “¡La gente empezó a cantar! Después de escuchar obras de Váquez, Takemitsu y otros, los japoneses se pusieron a cantar conmigo ‘Cielito lindo’. Eso habla del gusto por nuestra música”.






