Horas antes se casaron por el civil en Saltillo
Primera boda gay entre dos mujeres en la ciudad
En la Iglesia de la Comunidad Metropolitana había un calendario que marcaba junio 7 de 2008, la fecha en que se celebró, públicamente, la primera unión religiosa entre dos lesbianas en el estado de Nuevo León.
Me siento muy feliz, soy mujer y me caso con la mujer que amo, expresó Marcela Mendoza González, de 24 años, minutos antes de celebrar su unión religiosa con Rosa María Iracheta Blanco, de 22 años, en el templo.
Cuando el reloj marcaba las 18:30 llegó Marcela a la Iglesia de la Comunidad Metropolitana. Ella, con el cabello lateral rapado y la parte superior trenzada, vestía un traje oscuro de rayas compuesto de pantalón y saco -como el atuendo de un novio en cualquier boda.
Marcela Mendoza González y Rosa María Iracheta Blanco también sellaron su amor, horas antes, mediante el Pacto Civil de Solidaridad, en Saltillo, Coahuila.
Aunque en primera instancia dijo que unirse religiosamente con su pareja no era un sueño, Marcela rectificó: no es un sueño, es algo que yo quiero, bueno sí es un sueño porque siempre tuve la ilusión de encontrar a la mujer que quisiera compartir su vida conmigo, expresó junto con una sonrisa que delataba su nerviosismo.
Me siento feliz, soy mujer y me caso con la mujer que amo. Quiero estar el resto de la vida con ella, agregó firmemente mientras esperaba a la otra novia.
A dos años y seis meses de mantener una relación de noviazgo con una persona del mismo sexo, Marcela decidió dar el siguiente paso y unir su vida espiritualmente - con Rosa María.
En ese sentido hay algo muy claro y firme: a Marcela no le importa lo que diga la gente, puesto que no come ni vive gracias a otras personas. Dice que es suficiente mujer para no depender de los demás.
Pasadas las 18:40, el momento más especial del día para ambas mujeres llegó: con un bonito vestido de novia (en color blanco) entró Rosa María Iracheta Blanco, paciente, esperó en la recepción del lugar.
Según sus propias palabras, Rosa María estaba nerviosa, contenta y triste porque sus padres no asistieron al evento religioso.
No están presentes porque no aceptan la relación que tengo con mi mujer, confesó.
Igual que Marcela, dice que a la gente no se le da gusto con nada.
En ese sentido, mandó un mensaje en pro de la diversidad: que todos se animen y que no le tomen importancia a lo que dice la gente, uno tiene que ser feliz, la gente no importa.
El momento preciso, en el lugar preciso, llegó: estaban frente al altar de la iglesia, ubicada en el centro del municipio de Monterrey.
El reverendo Fernando Frontan fue el encargado de unir religiosamente a ambas mujeres.
Las novias comentaron que la luna de miel será en Tampico o en la Ciudad de México -por cuestiones de trabajo-. Posteriormente, a parte del hijo que ya tienen, Rosa María recurrirá a la inseminación artificial.


