Entrevista: Miguel Bonasso/ escritor y periodista
La memoria, “acercamiento al futuro”
A fines de la década de los 80, Miguel Bonasso regresó a Argentina, después de más de una década de exilio en México y en otros países, pero el retorno resultó muy diferente a lo que había imaginado: Buenos Aires se encontraba devastado y con un clima económico que, a su parecer, se convirtió en la crisis que vivieron a principios del tercer milenio.
Por todo ello, decidió escribir una novela sobre sus emociones, antes que acerca de su vida, que lleva por título La memoria donde ardía, recuperada por Océano para el mercado mexicano casi 20 años después de su aparición, como un homenaje a ese México generoso que nos permitió reconstruirnos y apoyar las luchas solitarias.
Periodista, escritor y, en la actualidad, diputado nacional por el bloque Diálogo por Buenos Aires, Miguel Bonasso habla de una historia que se volvió profética y, sobre todo, sanadora.
La memoria en donde ardía se publicó en 1990 en Argentina, cuando su país tenía unos cuantos años de haber retornado a la democracia, ¿en qué atmósfera surgió el libro?
Había un proceso muy negativo en un sector importante de la sociedad, a la que el gobierno de (Raúl) Alfonsín había convencido un poco sobre la teoría de los dos demonios -uno la guerrilla y otro los militares, con su dictadura-terrorista de Estado-; además, comenzaba en Argentina un modelo económico terrible, que condujo a una crisis sin salida y dejó a la mitad de la población debajo de la línea de pobreza y a un tercio en la indigencia.
La historia está basada en las sensaciones de lo que fue mi propio regreso a Buenos Aires, al final del gobierno de Alfonsín, en 1988: me encontré con un país devastado por la dictadura.
Había un sector de la sociedad que luchaba denodadamente porque se acabara la impunidad contra quienes había producido el genocidio más grande en la historia de Argentina, pero también había un clima angustioso, cerrado: uno veía que a buena parte de la sociedad no le importaba lo que hacía Menem, que era terminar de devastar al Estado.
Le preguntaba el contexto porque muchas cosas ya han cambiado en Argentina en estos 18 años, ¿cómo lee la novela en la actualidad?
Como una especie de acercamiento al futuro: la lucha tenaz de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo, que forman parte de la novela, por recuperar a sus hijos y a sus nietos empezaba a tener algunos atisbos de triunfo cuando se creó, por ejemplo, el Banco de Sangre.
Se trata del banco de datos genéticos, muy importante para conocer la verdadera identidad de muchas personas que fueron arrebatadas a sus legítimos padres.
Ha habido triunfos muy grandes y hay que reconocer que el gobierno de el ex presidente (Néstor) Kirchner fue altamente positivo en la recuperación de la memoria histórica.
La novela apenas llega a México: ¿están curadas las heridas, exorcizados los fantasmas?
La historia se disparó en mi cabeza, a pesar de no ser autobiográfica: esos fantasmas se corporizaron cuando pude regresar a Buenos Aires desde México, por cierto con el apoyo y la solidaridad del pueblo mexicano, de numerosos compañeros, de Gabriel García Márquez que escribió una carta pidiéndole a los jueces que me eximiesen de prisión, porque estaba bajo una causa que venía de la época de los militares.
En marzo de 1988 pude regresar a Buenos Aires tras once años de exilio y el impacto fue tremendo, porque había muchas esquinas donde no estaban aquellos con los que había convivido fueron demasiadas ausencias.
Al regresar a México, luego de un mes de estancia en Argentina, comenzó a germinar en mi cabeza la idea de la novela. La idea fue tratar de darle un sentido positivo a todo aquello que era tan negativo.
La memoria donde ardía es una novela muy dura, muy triste en algunos aspectos, pero con un final feliz.
Una novela de la melancolía que se convierte en recuperación de la memoria
Aunque la realidad que cuenta fue terrible y trágica, el destino de toda una generación de argentinos que lucharon en el siglo XX contra la dictadura más terrible que conoció Argentina, esa lucha solitaria de la memoria de algunos, como las Abuelas de la Plaza de Mayo, propiciaron los cambios que finalmente sucedieron.
Me atrevo a decir que la novela tiene elementos proféticos: preanunció lo que estaba como germen en esa realidad tan triste que me tocó vivir: la recuperación de la memoria histórica.
Y si el amor también es protagonista es porque en ciertos ambientes puede ser un acto de rebeldía
El esfuerzo de una minoría, de un pequeño grupo terco, empecinado, rebelde a una realidad en apariencia aplastante y, sin embargo, es la tenacidad de esos pocos, esa lucha que parece condenada a la soledad, la que da frutos unos cuantos años después.


