Hombre de celuloide
Fugacidad
2008-11-18•Cine
Lo mejor de la película Lujuria y traición es la fotografía. No es poco. Si comparamos al cine con un edificio construido con base en inaprensibles adobes de tiempo, el director sería el arquitecto. El fotógrafo, el ingeniero.
Evidentemente, si uno mira al cine como puro entretenimiento, la mejor fotografía no se ve. Habría que perderse en la ficción, vivir el momento dramático y desaparecer el yo soy en aras del ahora vivo al otro lado de la pantalla. A esta forma de pensar el cine le llaman los teóricos estilo de continuidad. Hay sin embargo otra manera de ver las cosas. Entonces el arte, más que propiciar quimeras, echa luz sobre el misterioso tejido de las emociones humanas. Así resulta: cámara baja muy lentamente sobre el cuerpo de una mujer que acaba de ser violada. Ella se abraza a sí misma y de pronto sonríe. Director de fotografía: Rodrigo Prieto. Cuando escalan los créditos finales, es una grata sorpresa notar que junto a las siglas que verifican la pertenencia de Prieto al poderoso sindicato de fotógrafos de Estados Unidos, están también las siglas que lo certifican como fotógrafo mexicano.
A Rodrigo Prieto lo conocí cuando yo tenía 17 años. Para saber qué era eso del cine decidí volverme esclavo (decir asistente de producción sería un eufemismo) del Centro de Capacitación Cinematográfica. Trabajábamos para Canal Once en una serie que se llamaría Encuentros y desencuentros. No exagero si escribo que en toda esa caterva de energúmenos que enredaban a producción en problemas irresolubles, Rodrigo Prieto era el único artista. Mirándolo trabajar era fácil saberlo. Mientras una directora histérica gritaba que vaciáramos las calles del Centro Histórico un domingo a las diez de la mañana, Prieto medía la luz con calma. Luego hizo una propuesta que solucionaba todos nuestros problemas. El genio de Ang Lee ha sabido explotar todo el arte de aquel estudiante de cine flaco y muy blanco que podía dejar de comer para solucionar un problema de luz o un movimiento, y que en aquel tiempo me enseñó cómo era un fotómetro profesional y me contó que el cinefotógrafo que más admiraba era Vittorio Storaro.
Que Lujuria y traición es una historia de amor y espionaje lo puede uno leer en la reseña. Lo importante aquí es el discurso en torno al amor erótico, deseo irreprimible por un placer fugaz que se opone al fundamento inamovible que prometen los proyectos políticos. No hay nada más peligroso que un político enamorado. La libertad comienza en el cuerpo. Es de estas ideas que se desprende el conflicto del filme de Ang Lee: ¿cuál de los dos amantes cederá su posición?
Habrá que ver la edición sin censura. Si lo mejor aquí es la fotografía, lo mejor de la fotografía son las escenas eróticas. Qué corto el amor, qué largo el olvido: El hecho sexual es fugitivo en el tiempo; justo por eso, la fotografía, ese microscopio del tiempo, es el arte propicio para retratar un acto cuyo máximo placer es también su mayor tormento: esa fugacidad.
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Lujuria y traición (Se, jie). Dirección: Ang Lee. Guión: Eileen Chang, James Schamus, Hui-Ling Wang. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Rodrigo Prieto. Con: Tony Leung Chiu Wai, Wei Tang y Joan Chen. Estados Unidos, China, Taiwán, Hong Kong, 2007.






