Pozas de Cuatro Ciénegas son lo que queda de un gran océano del Jurásico
En Coahuila, una ventana única al origen de la vida
Privilegiado como ningún otro país, México tiene en la reserva natural de Cuatro Ciénegas, Coahuila, una ventana viva hacia los orígenes de la vida. Un estudio de la Universidad Estatal de San Diego, California, comprobó la hipótesis de la mexicana Valeria Souza de que esas pozas azules en el desierto son los últimos restos de un gigantesco mar en el Jurásico, hace entre 140 y 200 millones de años.
Las aguas ancestrales de Cuatro Ciénegas rebosan de seres vivos microscópicos que a simple vista parecen rocas, pero que son en realidad colonias de bacterias llamadas estromatolitos, sin las cuales no hubiera sido posible que existiera oxígeno en la atmósfera.
El estudio publicado en Nature en línea el pasado día 2, fue coordinado por Forest Rohwer, quien estudia los virus que matan a microorganismos en el mar. Al evaluar el agua de Cuatro Ciénegas, descubrió que los virus que atacan a los estromatolitos en Coahuila son de origen marino, similares a algunos que existen en las cercanías de las islas Bahamas.
El hallazgo, explicó Valeria Souza Saldívar, nos debe hacer más conscientes de la gran responsabilidad que tenemos los mexicanos de conservar ese espacio, en el que hay seres vivos con información genética valiosísima, con la que podemos comprender los primeros momentos de adaptación de la vida, hasta llegar a ser lo que hoy conocemos.
Este es un laboratorio único, que encierra una biblioteca de información genética extraordinaria para estudios sobre adaptación y biotecnología, indicó Souza, del Instituido de Ecología de la UNAM (IE-UNAM), y que lleva décadas especializada en el ecosistema de Cuatro Ciénegas.
En pleno desierto, cerca de la cuenca lechera de Torreón, la zona investigada es un conjunto con cerca de 300 pozas, en las cuales viven numerosos animales que no existen en ninguna otra parte del mundo; hay bacterias, moluscos, algas, peces, e incluso dos especies de tortugas que han experimentado un largo proceso de evolución desde que eran habitantes de un gigantesco océano que se secó al elevarse las placas tectónicas que hoy sostienen a México.
El hallazgo nos confirma lo que primero fue una metáfora, luego una hipótesis y ahora una realidad: la presencia de mar en la zona. En los años 60 visitó este desierto un experto en peces conocido como W. Minckley, quien al conocer lo peces que vivían en las pozas de Cuatro Ciénegas afirmó que eran de origen marino y no de agua dulce.
En su momento la comunidad científica consideró esta idea como producto de la mente de un viejito extravagante, pero ahora estos hallazgos son la cereza del pastel de aquella idea que no se tomó en serio, explicó Luis Enrique Eguiart, también del IE-UNAM.
El mar Jurásico debió haber cubierto el actual desierto de Coahuila hace 300 millones de años, pero los estromatolitos que viven en las pozas podrían ser los descendientes directos de bacterias que habitaron hace 3 mil 500 millones de años.
Estos organismos fueron los que hicieron posible la vida tal como la conocemos hoy, pues antes la atmósfera de la Tierra estaba llena de metano, azufre y otros gases que ahora consideraríamos tóxicos. Los estromatolitos podían vivir en esas condiciones extremas y luego liberaban oxígeno respirable, detalló Souza Saldívar.
Actualmente las funciones de liberación de oxígeno la cumplen las plantas y cianobacterias.
Y el dinero no llegó...
Los expertos denunciaron que, a pesar del incalculable valor biológico, cultural e histórico del área de Cuatro Ciénegas, su existencia está gravemente amenazada por la extracción sistemática y excesiva de agua de los mantos freáticos.
La extracción de agua para terrenos de valles vecinos donde se siembra alfalfa ha provocado daños tan graves como que en un solo año, 2006, el nivel del manto freático bajara 30 metros, dijo Valeria Souza Saldívar.
Souza y Luis Enrique Eguiart recordaron que el año pasado el presidente Felipe Calderón anunció que se invertirían 350 millones de pesos en un proyecto para reordenar la extracción de agua en la zona.
Al parecer esos fondos debía ejercerlos la Comisión Nacional del Agua, pero acorde a los científicos del Instituto de Ecología de la UNAM, el dinero no ha llegado a la zona.
Es curioso, porque entre los niveles más altos de las autoridades hay mucha conciencia de la necesidad de proteger este ecosistema, pero al pasar la decisión a mandos medios, las acciones no se realizan, subrayó la investigadora de la UNAM.
Tesoro sin par
Valeria Souza Saldívar adelantó que está en proceso el análisis de un genoma que acredita a Cuatro Ciénegas como el lugar con la evidencia de vida más antigua el mundo.
Luis Enrique Eguiarte resaltó la importancia de estudiar los virus, generadores cruciales de biodiversidad por su función depredadora, y de aprovechar la máquina del tiempo que representa Cuatro Ciénegas.


