Hombre de celuloide
Detrás de la máscara de sangre
Secuencia de créditos: hay una tormenta, cámara sube y penetra el tragaluz. La referencia al inicio del Ciudadano Kane, de Welles, hace saber que Sweeney Todd es cine de altos vuelos disfrazado de cine para niños. A Tim Burton habría que compararlo con los hermanos Grimm, con Christian Andersen, con esos cuentos que Afanasev recopiló y que más tarde usó Vladimir Propp para buscar algo común a todas las fábulas. Sweeney Todd es, como aquellos viejos cuentos, un dilema moral. Las fuerzas naturales se encarnan en estos personajes oscuros que esconden, detrás de sus máscaras, pulsiones que todos llevamos adentro. Johnny Depp interpreta un deseo de venganza. Bonham Carter está enamorada y no tiene escrúpulos. El triángulo se completa con un niño de voz angélica que parece contagiarse del mal como efecto de un puro contacto con sus horrores. El diseño de producción (ese departamento que se encarga de hacer que la película tenga un look, una continuidad visual en armonía con la narrativa) es lo primero que vale la pena anotar como digno de verse en este musical: La fotografía está saturada y Londres recuerda la Isla de Nunca Jamás en el sentido de que, así como cambiaba Nunca Jamás con el estado de ánimo de Peter Pan, así cambia la imagen de la ciudad con el interior del protagónico. Durante el primer número, la ciudad se presenta oscura, en claves verdes como la piel de un hombre enfermo. Se habla de amor y hay un flash back: allá, en el pasado diegético, todo es miel y un ribete dorado en el vestido rosa de la amante que arrebata al protagónico un juez malévolo, de modales discretamente afeminados.
Mucho se ha discutido que si el cine es arte narrativo o arte visual. El buen cine es esto: imagen y narrativa esposadas en un diseño de producción capaz de transmitir emociones particulares. Tim Burton utiliza una comedia musical distantemente basada en un hecho real para recrear esta fábula bizarra, macabra. El resultado no está exento de simbolismos. Así, los sanguinarios acordes del final, recuerdan ese Bram Stockers Dracula que es, a decir verdad, el Drácula en una versión muy personal de Francis Ford Coppola.
Johnny Depp sigue siendo Johnny Depp. El pirata del Caribe incorpora a nuestro barbero vengador una inocencia perversa que ya hemos visto en otros personajes de Burton, la novia en Corpse bride o Jack en Nightmare before Christmas. Estas caricaturas tienen algo que Depp, uno de los mejores actores del Hollywood contemporáneo, sabe dar también a Sweeney Todd.
Burton se confirma como un grande en el sistema de producción norteamericano. Hasta la fecha yo diría que su película más completa es Big fish. En ella, el director tocaba un tema capital del arte: la verdad de la ficción. Detrás del niño que nos conduce como espectadores hasta las sangrientas catacumbas de Sweeney Todd, estamos nosotros, capaces del amor más puro o la trasgresión más violenta de esa misma inocencia.
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Sweeney Todd: The demon barber of Fleet Street. Dirección: Tim Burton. Guión: John Logan, basado en el musical de Stephen Sondheim. Música: Stephen Sondheim. Fotografía: Dariusz Wolski. Con: Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Alan Rickman y Jamie Campbell. Estados Unidos, 2007.


