Inicio

online

Hombre de celuloide

El mar de la libertad

Quien crea que es posible vivir sin haber visto Los 400 golpes debería aprovechar la inminencia del estreno de El custodio para rentar la obra de Truffaut.
  • Enviar Nota
  • Imprimir
  • 2008-11-18•Cine

Quien crea que es posible vivir sin haber visto Los 400 golpes debería aprovechar la inminencia del estreno de El custodio para rentar la obra de Truffaut. Hay en El custodio una notable influencia de la Nueva Ola Francesa en general y de Los 400 golpes en particular. No hablo sólo del simbolismo del mar hacia el final de ambas películas, no se trata tampoco del detenerse de ambas en escenas aparentemente largas y en las que aparentemente no sucede nada. No es que ambos filmes busquen reflejar la vida “como refleja un charco de lluvia el cielo” (Flaubert dixit); es que el niño Pierre Leaud en Los 400 golpes y el guarura Rubén de El custodio, comparten un desesperado anhelo de libertad: hacer lo que quieran, decir lo que quieran. Arrepentirse o no arrepentirse.

En este principio de siglo, bombardeados hasta el ridículo con obras audiovisuales, resulta fácil perderse en la apreciación de un filme como el que comentamos. “Es pretencioso sentarse una hora y media a mirar el vacío en la vida de un hombre que protege la vida de otro”. No. Sería pretencioso si el realizador hubiese caído en la visión complaciente de quien se cree superior. El director fresa con preguntas existenciales: ¿cómo será la vida de los guaruras? Nada más lejos del resultado de El custodio. La mirada de Moreno permite entrar sin falsas compasiones en la vida de un hombre que —como todos— se cree llamado a cosas más altas; un hombre que —como todos— se siente más sensible que los demás; un hombre que —como todos— sufre con su familia. Hay que abrir los ojos y mirar que El custodio está lejos del discurso mediocre de quien fija su atención en un oficio para emitir un juicio o —peor— para hacer “crítica social”. El guión está tan bien trabajado que trae a presencia un paradigma en la forma de un guardaespaldas. El custodio es un personaje que —como el niño de Los 400 golpes— comparte con nosotros esa náusea existencial de sabor a Sartre.

Siguiente posible error de percepción: “El custodio es una película lenta y aburrida porque habla de un oficio lento y aburrido”. Pero Moreno no está hablando de un oficio, sino de un hombre que busca la redención. La película está diseñada con base en escenas capaces de desprender al espectador de sí mismo para permitirle (si él se lo permite) entrar en el detalle del gesto aparentemente inexpresivo de un guarura. ¿Qué está pensando este hombre? ¿Qué piensa de su oficio? ¿Qué piensa de sí mismo? Acostumbrados a la actuación que dice con palabras y no proyectando estados de ánimo, es posible caer en el error de imaginar que ésta o aquélla escenas no han dicho nada. Pero Moreno dice las cosas con montaje, no con palabras. Julio Chávez actúa a este custodio que una noche mira dormir a su jefe. En la televisión un pianista interpreta una canción sin palabras de Mendelssohn. Justamente: cine como el de Moreno o Truffaut no necesita de palabras. Basta la sutileza de un muy lento baile entre el actor y la cámara.

http://serpentcharmer.blogspot.com/

El custodio. Dirección: Rodrigo Moreno. Guión: Rodrigo Moreno. Música: Federico Jusid. Fotografía: Bárbara Álvarez. Con: Julio Chávez, Guadalupe Docampo, Osmar Núñez, Cristina Villamor y Luciana Lifschitz. Argentina, 2006.

Fernando Zamora